Cómo escoger un vino en un restaurante

Escoger un vino en un restaurante es una tarea al alcance de todos

Imaginemos que estamos sentados en un restaurante de lujo con clientes importantes y también el jefe y, de todas las personas sentadas alrededor de la mesa, el camarero nos pregunta si nos gustaría elegir el vino para la comida.

El pánico puede apoderarse de los que no están acostumbrados a hacerlo con cierta frecuencia. La mente empieza a trabajar a toda velocidad, tratando de dilucidar cómo llevar a cabo esta tarea para la que fuimos escogidos como voluntarios forzosos ¿Qué sabemos acerca de elegir vinos? ¿Y si escogemos el vino equivocado? ¿Cómo evitar el ridículo ante clientes y jefes?

Elegir el vino

Cuando se echa el primer vistazo a una carta de vinos puede ocurrir que la mente se quede completamente en blanco. Lo mejor es relajarse y leer la carta paso a paso. El primero paso es ver  cómo está organizada la lista de vinos. En la mayoría de las cartas de vinos se diferencia entre tintos, blancos, rosados y vinos de postre, pero hay otras en las que los vinos se clasifican simplemente por región, como La Rioja, vinos australianos o el Valle de Napa. Algunas listas de vinos pueden incluir bodegas locales, si las hay. Simplemente con reconocer cómo se ha organizado la lista de vinos ya empieza a disminuir la ansiedad.

La carta de vinos debe ofrecer la información básica para tomar una decisión, independientemente de cómo esté organizada. Los puntos elementales a cubrir son el número de artículo, el nombre del vino, su tipo y, frecuentemente, la vendimia. Los restaurantes que se enorgullece de sus vinos, suelen proporcionar información adicional, como las notas de degustación o una breve descripción de la bodega productora.

Una vez que se tiene una idea de cómo está organizada la carta de vinos, conviene decidir qué tipo de vino les gustaría a los invitados. La forma más fácil de saberlo es preguntar quién prefiere un vino tinto y quién lo prefiere blanco. Si no hay un consenso general, siempre se puede llamar al sumiller,  o al experto en vinos del restaurante, para pedir una sugerencia basada en lo que cada persona puede elegir como entrada. A veces, la persona encargada de tomar nota de los platos que se piden está capacitada para sugerir  que vino combina mejor a medida que los clientes ordenan.
Un buen consejo es indicar un rango de precios general en la lista de vinos cuando se le pregunta al sumiller. Si se les da una idea del precio, recomendarán un vino que no se salga del presupuesto. Cabe remarcar que los mejores restaurantes no servirán un vino que no sea satisfactorio, por lo que, en caso de duda, no hay que tener miedo de elegir el tinto de la casa o el blanco de la casa cuando parece ser la decisión más segura.

Cuando el vino llega a la mesa

Una vez que el servidor o el sumiller regresen a la mesa, presentarán la botella de vino. En este momento, debemos asegurarnos de que la etiqueta coincide con lo que se ha pedido y comprobar que no hay signos de suciedad o deterioro, incluso moho, en la etiqueta. No es el momento de distraerse con la conversación. Hay muchos casos en los que se escancia un vino que no es en absoluto lo que se había ordenado simplemente porque la persona no se toma la molestia de leer la etiqueta cuando se presenta la botella. Si la botella estuviera mal o mostrara signos de no haber sido guardada correctamente, se debe pedir una botella diferente. Es mejor errar por el lado de la precaución que servirle una botella de vino que no esté en condiciones a nuestros invitados.

Si el vino presentado tiene nuestra aprobación, podemos arle autorización al camarero para descorchar la botella. Una vez descorchada, el camarero debería dejar el corcho a la vista, o colocarlo justo delante, para que podamos observar su aspecto. Si el corcho parece húmedo al darle un vistazo rápido, no se necesita hacer nada. Es aceptable levantar el corcho y examinarlo para ver si se siente húmedo, una indicación de que el vino estaba correctamente almacenado. Si el corcho estuviera seco o desmoronado, podemos indicárselo al camarero  y solicitar que abran una nueva botella. Sin embargo, después de un rápido vistazo al corcho, si parece húmedo, no necesita hacer nada más que dejarlo estar. No se debe oler el corcho. El olor del corcho no proporciona ninguna información sobre el vino.

Después, el camarero servirá una pequeña cantidad de vino en una copa y lo probaremos. No se trata de determinar si nos gusta o no, sino de comprobar que se puede beber y no está estropeado. Tendremos que pagar el vino que hemos pedido, aunque no nos guste tanto en el momento de probarlo, siempre y cuando no se haya deteriorado. Si consideramos que el vino está bien, haremos un gesto de asentimiento y el camarero servirá el vino a los comensales, terminando con nuestra copa.

Si consideramos que hay un problema con el vino, la opción más sabia no es rechazarlos de plano. Lo mejor es pedirle al sumiller que pruebe el vino.

"¿Le importaría darme su opinión sobre este vino?"

Puede que el vino esté bien, o que tenga corcho o algún otro defecto. De cualquier forma, el sumiller lo detectará inmediatamente y podremos confirmar...

"Sí, eso pensaba, pero quería tener la opinión de un experto."

Si lo que pensábamos que era una falla es de hecho una característica de ese vino en particular, aún quedaremos como personas de gusto y discernimiento.

Una palmadita en la espalda

Enhorabuena, podemos felicitarnos. Hemos pedido el vino para la comida utilizando nuestros agudos sentidos y gusto impecable. Podemos disfrutar del momento con la seguridad de que hemos pasado la prueba. La próxima vez que estemos en un restaurante de lujo, podemos aprovechar la oportunidad para demostrar nuestras habilidades y con confianza; incluso podemos ofrecernos como voluntarios sin ningún tipo de fuerza externa.

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