Los vinos españoles

Los fenicios iniciaron la producción de vino en España, y probablemente en Europa occidental, más de 500 años antes de nuestra era.

Los vinos españoles tienen historia, ya que España es el segundo país productor de vino más antiguo de Europa occidental. También ha sido el país con la mayor área plantada de vid del mundo durante mucho tiempo, aunque China se está acercando. Muchas de estas viñas se encuentran en zonas muy secas y su rendimiento es bajo, por lo que la producción de vino española solo ocupa el tercer lugar.

La modernización del vino ha acompañado a la revolución de la cocina española y España puede presumir de tener una industria del vino muy variada y animada. Algunos de los vinos españoles se pueden contar entre los más modernos de Europa.

Las regiones españolas y sus vinos

Como ocurre con su gente, los vinos españoles son diversos, robustos, generosos y llenos de vitalidad. Las raíces de la vinificación en España se remontan a miles de años atrás y mantienen una orgullosa tradición y calidad. Esto es más que evidente en Andalucía, donde el jerez es la bebida preferida.

El jerez es un vino fortificado. Deberíamos decir que el jerez en realidad son varios vinos. Entre las variedades de jerez se encuentran el fino, el oloroso, la manzanilla, y el amontillado, la bebida que Edgar Allan Poe hizo famosa. También hay jerez dulce.

El fino y la manzanilla son más jóvenes, más frescos y  más ácidos. Los olorosos y los amontillados pasan más tiempo en las barricas  y se vuelven más suaves a medida que envejecen.

El jerez combina con muchos tipos de alimentos. A menudo el jerez se bebe como como vino de postre, especialmente en Gran Bretaña, en donde el jerez casi se convirtió en una bebida nacional y estuvo de moda durante mucho tiempo.

Los británicos tienen más que agradecerle a España que el jerez y la primera esposa de Enrique VIII. También llegó de España el bien considerado cariñena. Como cabe esperar, los vinos tintos son prominentes en esta tierra de abundante sol y tierra rojiza. Los aragoneses no defraudan, produciendo muchos vinos con cuerpo, llenos de color y aroma. La uva garnacha, por supuesto, es considerada un tesoro regional por los viticultores en esta región.

Castilla, con su propia herencia literaria, produce un vino igualmente merecedor de fama. Muchos consideran toda la región como un enorme viñedo. La Mancha, que evoca recuerdos de Don Quijote, es una de las razones de la reputación. Se dice que es la región vinícola más grande del mundo, aunque hay muchos franceses que, por supuesto, discuten este punto.

Solo para mostrar qué tan iconoclastas son realmente, de esta potencia productora de vino viene un blanco llamado airén. Fresco y agradable, este vino asegura que ningún caballero español necesitará luchar contra los escépticos.

Las uvas tintas están bien representadas por la variedad tempranillo, que a menudo se mezcla con variedades francesas, como el merlot o el cabernet sauvignon. Incluso se está empezando a ver syrah por aquí.

Al norte de Madrid se encuentran los vinos blancos de Rueda. Delicados y ligeros, están hechos de una variedad local llamada verdejo. Pero se ha empezado a plantar sauvignon blanc también.

Las tradiciones españolas evolucionan lentamente y las uvas tintas siguen siendo dominantes. La Ribera del Duero ha visto un renacimiento en las últimas décadas produciendo tintos robustos. El tinto fino, que es el nombre por el que se conoce a la variedad local de tempranillo, produce un vino tinto complejo que envejece muy bien.

Mencía tiene su propia tradición en cuanto a vino tinto, basada en cabernet franc. Aislada en zonas concretas de Castilla y León, los vinos que produce son intensos. Sin embargo, los rosados, más claros, también son un elemento básico de la producción vinícola de la región. Aquí también se produce un vino blanco, hecho de la uva godello.

Cataluña, con sus costas al Mediterráneo, ha estado haciendo vino desde que llegaron los primeros fenicios y griegos. Continúa esas antiguas tradiciones produciendo vinos rancios que son adecuados solo para los más resistentes. Pero, para aquellos que prefieren algo más ligero, Cataluña se complace en proporcionar un magnífico vino blanco del Penedés. También servirá alegremente un vino espumoso de cava. Este último es en realidad una especie de champán español, pero con mucho más cuerpo que la versión francesa, como corresponde a la zona. Para obtener una experiencia especial y distintiva, la mejor apuesta es probar uno de los tintos de Tarragona. Con cuerpo, de cariñena y garnacha, cultivadas en tierra enriquecida con pizarra, se pueden considerar el pináculo del vino de Cataluña.

Por último, pero no menos importante, Galicia sigue produciendo vinos como lo ha hecho desde la época romana, aunque en los últimos tiempos los blancos han pasado a primer plano. Aquí las tradiciones celtas se mezclan con las romanas para producir vinos que se combinan con mariscos y moluscos como ningún otro vino en el mundo. El clima húmedo y la menor cantidad de luz solar que reciben las uvas producen vinos ricos en ácidos y deliciosamente frescos. La mayoría están hechas de variedades de uva que sólo se encuentran aquí. Como ocurre en le resto de España, la región está llena de tradiciones propias, pero ha llegado al siglo XXI produciendo vinos que pueden competir con cualquiera de todo el mundo.

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