Vinos sicilianos

La tradición vinícola en la soleada Sicilia se remonta a más de cuatro mil años atrás.

A lo largo de esos milenios, los sicilianos, llamados así por los pobladores que introdujeron la agricultura en la isla, han elevado el cultivo de la uva de vino al nivel del artista del Renacimiento italiano.

En el lejano oeste, anidado entre las escarpadas montañas Gibellina, se encuentra su obra maestra, el Valle de Mazara. Es más grande que el Piamonte o la Toscana, las uvas que aquí maduran bajo el sol caliente del sur a menudo se utilizan para fortificar los vinos más débiles que se hacen en el norte de Italia. El corazón de la región se encuentra entre Salemi y Marsala, este último lugar da su nombre al vino  tradicional que se hace allí.

Las condiciones se combinan en un conjunto que puede rivalizar con las mejores zonas de California gracias a las cálidas temperaturas, los terrenos montañosos, las brisas marinas y el rico suelo. Con todas estas ventajas, la producción anual de vino de la región es mayor que la  de Australia y Nueva Zelanda combinadas. Se cultivan uvas merlot, chardonnay y sangiovese, por supuesto; pero también hay variedades de uva autóctonas como insolia y catarratto.

Por supuesto, una gran parte de esa producción es el vino de postre de Marsala, el cual debe su popularidad a los comerciantes ingleses en el siglo XVIII, quienes descubrieron este vino fortificado, parecido al oporto y al jerez. Fue desdeñado en el pasado por su asociación con los vinos de cocina. Sin embargo ahora hay conocedores que favorecen sus complejos sabores en forma de Marsala Vergine y Superiore Riserva. En algunos años, Sicilia ha sido contribuido con un tercio de la producción total de Italia de este dulce néctar.

Pero lejos de ser magos de un solo truco, los artesanos en una de las regiones vinícolas más antiguas del mundo también producen deliciosos vinos blancos hechos a partir de una mezcla de insolia, damaschino y chardonnay. Y los tintos, una vez considerados como demasiado dominantes, ahora cuentan entre ellos tales delicias como el nero d'Avola. A veces se comparan a los vinos de shiraz, envejecen bien y no suelen ser los vinos más baratos cuando aparecen en la carta de los restaurantes.

Tales obras de arte son el resultado de técnicas desarrolladas durante siglos. Los viticultores pueden podar las vides hasta en un 35% para concentrar el sabor, y luego cosechar la fruta en la noche para evitar el abrasador sol del otoño siciliano. Las uvas luego se almacenan en depósitos refrigerados para evitar la fermentación prematura. Así se produce el mosto de uva mosto de alta reputación.

Las uvas abarcan toda la gama de carricante a chardonnay, de grillo a malvasía. Se pueden encontrar lad versiones italianas de pinot blanc y pinot gris, pero también las tradicionales sauvignon blanc y semillon. Entre los tintos, el pilar principal es cabernet sauvignon, que se cultiva en todas partes, pero las uvas gamay y negrello cappuccio forman parte de una enorme variedad de viñedos que se extienden desde las faldas del volcán Etna.

La mayoría de los viñedos residen en el lado oeste de la isla en la provincia de Trapani, donde se produce más del 70% del vino de Sicilia. Sorprendentemente, la mayor parte de esta producción es vino blanco, no tinto. Entre ellos se encuentra el Alcamo, que goza de una renovada popularidad debido al aumento en su calidad.

Sin embargo, solo el 15% de esta enorme producción se embotella en la isla, con solo el 2% controlado por el sistema de denominación italiana Denominazione di Origine Controllata (DOC)