Cuales comprar y en qué fijarse
Elegir copas es una de esas compras que se hacen una vez cada muchos años y casi siempre deprisa. Se entra a mirar, aparecen doscientos juegos que parecen iguales, se compara por precio y se acaba pidiendo el primero que tiene buenas valoraciones. Luego duran una década.
Merece la pena dedicarle diez minutos. La forma de cada copa y qué vino le corresponde se explican en copas de vino; esta página va de lo otro, de lo que conviene mirar cuando ya se está delante del carrito, y de nueve juegos concretos repartidos en tres tramos.
La decisión que de verdad importa: finura o resistencia
Antes que el precio, antes que la marca y antes incluso que la forma, hay una elección que atraviesa todos los tramos y que casi nadie hace de forma consciente.
Una copa de cristal muy fino es mejor copa. El borde apenas se nota en el labio, el vino entra limpio y la transparencia es superior. También se rompe. No de manera catastrófica ni por mala calidad, sino porque un cristal de menos de un milímetro no perdona un golpe contra el grifo ni el peso de una sartén encima en el escurridor. Quien compra copas finas asume que irá reponiendo.
Una copa de pared algo más gruesa se interpone un poco más entre el vino y quien lo bebe. A cambio aguanta años de lavavajillas, mudanzas, cenas con mucha gente y manos ajenas fregando en la cocina. Hay casas donde eso vale más que la última décima de finura, y no es una rendición: la copa que sobrevive es la que se usa.
Ninguna de las dos opciones es la correcta. Lo que sí es un error es no haberla tomado y llevarse un disgusto a la tercera semana. Por eso la selección de más abajo indica en cada caso de qué lado cae el juego.
En qué fijarse al comprar
Primero el material, el borde y el tallo en segundo lugar. Ahora los detalles prácticos, si se pueden lavar en el lavavajillas y cuantas unidades entran en el juego.
El material: qué significa «cristal»
La palabra cristal se usa con mucha alegría en las fichas de producto. En la Unión Europea está regulada: solo puede llamarse cristal al plomo el vidrio que contiene al menos un 24 % de óxido de plomo. Por debajo se habla de vidrio sonoro superior y de vidrio sonoro, y es aquí donde entra hoy la práctica totalidad de la cristalería de vino: fórmulas sin plomo que sustituyen ese óxido por titanio, bario o zinc.
Que no lleve plomo no es un demérito, más bien al contrario. Los cristales sin plomo actuales son más duros, más resistentes al lavavajillas y no van perdiendo brillo con los años, que era el gran defecto del cristal plomado. Un vidrio simple, sin ninguno de estos óxidos, se distingue enseguida: pesa más, tiene un tono ligeramente verdoso al mirarlo de canto y suena apagado al golpearlo.
El borde
Es donde más se nota la diferencia entre una copa buena y una corriente. El borde debe ser fino y estar cortado a láser, sin ningún reborde ni engrosamiento. Muchas copas baratas llevan un anillo reforzado en la boca que se ve al trasluz como una línea más brillante; sirve para que no se desportillen en el lavavajillas industrial, pero se percibe en el labio y estorba.
El tallo
Hay dos maneras de fabricarlo. En las copas de gama alta, el tallo sale estirado de la misma gota de cristal que el cáliz, en una sola pieza continua. En las más económicas se fabrica aparte y se suelda, y la unión se aprecia como un pequeño engrosamiento o una arruga en el punto donde el tallo se encuentra con el cáliz. Ahí es exactamente donde se parten las copas soldadas.
Basta con mirar el arranque del cáliz al trasluz. Si la línea es continua, el tallo es estirado.
El lavavajillas
Casi todos los fabricantes indican que sus copas son aptas. Conviene leer bien: apto significa que el cristal no se opaca ni pierde brillo con los ciclos, no que la copa vaya a sobrevivir a que la coloquen apretada contra un vaso. La resistencia real depende del grosor y del tallo, no de la etiqueta.
Cuántas y de qué tamaño
Seis copas universales rinden más que doce especializadas a medio usar. Y conviene mirar la capacidad con calma, porque las cifras engañan: una copa de 550 mililitros no se llena de 550 mililitros, se llena de unos 150. El resto es el aire que necesita el vino para expresarse. Una copa que parece enorme en la ficha resulta perfectamente razonable en la mesa.
La selección
Hemos seleccionado copas de vino en tres categorías, elegantes, copas para el día a día y copas económicas de buena calidad.
Elegantes y especiales
Riedel Extreme, copa de cabernet, juego de 4. La casa austriaca fue la primera en diseñar cada copa según el vino que iba a contener, y esta serie es su versión moderna: cáliz de perfil anguloso, muy amplio, pensado para tintos estructurados y tánicos. Cristal finísimo. Es la copa que hace que un buen tinto parezca todavía mejor, y también la que hay que lavar a mano y con calma, porque las reseñas coinciden en que no perdona un descuido. Del lado de la finura, sin ambigüedad.

Riedel Extreme, copa de cabernet, juego de 4
finísima · expresiva · delicada
Spiegelau Definition, burdeos, juego de 2. Fabricación alemana, cristal de una ligereza notable —pesa casi la mitad que una copa convencional— y, aun así, apta para lavavajillas. Al venir en juego de dos es la opción de regalo más redonda de la lista: entra en una caja pequeña, impresiona al abrirla y no obliga a nadie a rehacer su armario.

Spiegelau Definition, burdeos, juego de 2
ligerísima · refinada · sorprendentemente práctica
Para el día a día
Spiegelau Style, borgoña, juego de 4. Cáliz ancho y boca cerrada, la forma que corresponde a los tintos delicados y muy aromáticos. Es la manera más sensata de tener una copa de borgoña en casa sin entrar en precios de coleccionista.

Spiegelau Style, borgoña, juego de 4
amplia · aromática · accesible
Spiegelau Vino Grande, blanco. Esta serie nació para la hostelería y se nota en lo que importa: pared algo más gruesa y tallo robusto, sin renunciar a la forma correcta. Es la copa del lado resistente de la balanza, la que se saca sin pensarlo un martes cualquiera.

Spiegelau Vino Grande, blanco
robusta · fiable · de oficio
Stölzle Lausitz Experience, tinto, 450 ml, juego de 6. Probablemente la mejor relación entre lo que cuesta y lo que da de toda la lista. Cristal fino, boca abierta, seis unidades y una casa alemana que lleva fabricando vidrio desde 1889. Para quien quiera una sola compra que resuelva la mesa entera, esta es la recomendación.

Stölzle Lausitz Experience, tinto, juego de 6
equilibrada · fina · versátil
Chef & Sommelier Open Up, blanco, 32 cl, juego de 4. La copa de restaurante por antonomasia en España y en Francia. Su cristal está formulado para aguantar miles de ciclos de lavavajillas sin empañarse, que es justo el problema que arruina las copas domésticas al cabo de dos años. Forma moderna, algo angulosa, muy reconocible.

Chef & Sommelier Open Up, blanco, juego de 4
duradera · moderna · incansable
Stölzle Lausitz Experience, vino dulce, 190 ml, juego de 6. Copas pequeñas para vinos dulces y generosos, que se sirven en cantidades cortas y quedan ridículos en una copa grande. Un moscatel, un pedro ximénez, un oporto o un oloroso piden esto. Es la pieza que suele faltar en las casas donde por lo demás hay cristalería de sobra. Más sobre estos vinos en vinos generosos y aromatizados.

Stölzle Lausitz Experience, vino dulce, juego de 6
menuda · precisa · necesaria
Económicas y de buen fabricante
Stölzle Lausitz Exquisit, tinto, 480 ml, juego de 6. La misma casa alemana que la Experience, en su línea más contenida: copa universal, sin adornos, seis unidades. Cumple todos los criterios de arriba —borde limpio, forma correcta, lavavajillas— y no pide nada a cambio. Si hubiera que recomendar una sola compra a quien empieza de cero, sería esta.

Stölzle Lausitz Exquisit, tinto, juego de 6
sencilla · correcta · universal
Chef & Sommelier Exaltation, 47 cl, juego de 6. Fabricación francesa, tamaño generoso y la misma resistencia al lavavajillas de la Open Up. Es una copa grande por poco dinero, y el volumen es precisamente lo que suele sacrificarse en este tramo. Ver en Amazon

Chef & Sommelier Exaltation, juego de 6
amplia · resistente · sin pretensione
Cómo hacer que duren
Las copas casi nunca se rompen en la mesa. Se rompen en el fregadero, contra el grifo, contra otra copa dentro de la cuba del lavavajillas y en el escurridor cuando alguien apoya encima una fuente.
De ahí salen unas cuantas reglas sencillas. En el lavavajillas, las copas van separadas, sin tocarse entre sí, en programa corto y a temperatura moderada; el cesto específico para cristalería es una compra que se amortiza sola. A mano, se lava el cáliz sujetando por el cáliz, nunca haciendo palanca sobre el tallo, que es como se parten. Se secan con un paño de lino o de algodón que no suelte pelusa, sin retorcer la copa, y se guardan de pie: el borde es la parte más delicada y no debe apoyar su peso sobre una balda.
En zonas de agua dura conviene un aclarado final con agua templada y un chorrito de vinagre blanco, que disuelve la película de cal que va apagando el brillo. Y si las copas han pasado meses guardadas, se enjuagan antes de usarlas: el cristal no huele, pero el armario sí, y ese olor acaba en el vino. En cómo servir el vino se explica cómo avinar una copa para eliminar cualquier rastro.
Y el vaso de toda la vida
En muchas tabernas españolas el vino se ha servido siempre en un vaso corto y grueso, sin tallo. Sigue haciéndose, y no por ignorancia. Ese vaso pertenece a otra manera de beber: de pie, en la barra, un vino joven que no pide análisis y una conversación que importa más que el vino. Nadie huele un chato.
Lo mismo vale para los vasos de vino sin tallo que se han puesto de moda: son estables, van al lavavajillas sin drama y no se vuelcan en una mesa concurrida. El precio es que la mano calienta el vino, lo cual con un tinto ligero en invierno no importa nada y con un blanco frío en agosto lo estropea todo.
La copa buena no es una obligación ni una prueba de nada. Es una herramienta que sirve para una cosa concreta: enterarse mejor de lo que hay en la botella. Cuando eso interesa, compensa. Cuando lo que se busca es otra cosa, el vaso de siempre está perfectamente bien.
Sobre esta selección
Esta página incluye enlaces de afiliación de Amazon. Cuando alguien compra a través de ellos, Comer y Beber recibe una pequeña comisión sin que el precio varíe. Lo que se obtiene por esta vía se destina a bancos de alimentos y a un proyecto de agua potable. Las copas recomendadas se han seleccionado por criterios de fabricación y por la trayectoria de sus fabricantes; ninguna marca ha pagado por aparecer aquí.

