Por qué un kit de hierbas es un buen regalo de bienvenida a una casa nueva
Hay una vieja costumbre que consiste en no entrar nunca con las manos vacías en una casa recién estrenada. En Alemania se lleva pan y sal. En la tradición asquenazí, pan, sal y miel, y deben ser lo primero que cruce la puerta, antes que los muebles. En Andalucía hay quien lleva aceite y sal. La fórmula cambia de un sitio a otro, pero el deseo es siempre el mismo: pan para que no falte comida, sal para que la vida tenga sabor.
Todos esos regalos tienen algo en común: se consumen en una tarde. Un kit para cultivar hierbas aromáticas es exactamente la misma idea, pero estirada en el tiempo. No se entrega una despensa llena, se entrega el principio de una.
Un regalo antiguo con forma nueva
Lo interesante de regalar semillas en lugar de plantas hechas es que el regalo no termina cuando se abre la caja. Hay que buscarle sitio, mirar de qué lado entra la luz, regar sin encharcar y esperar. Se parece bastante a mudarse.
Durante las primeras semanas en una casa nueva casi todo son cajas, tornillos que faltan y comidas rápidas de pie en la encimera. Una maceta que hay que atender obliga a hacer algo que no es urgente, y ese es precisamente su valor: es el primer gesto doméstico que no consiste en resolver un problema. Cuando por fin se corta la primera hoja de albahaca, la casa ya no es un sitio donde se está viviendo provisionalmente.
Cuatro hierbas con historia
Las cuatro aromáticas que suelen incluir estos kits —albahaca, perejil, hierbabuena y cilantro— no se eligieron por casualidad: son las que más se usan en la cocina cotidiana. Pero también son cuatro plantas con una biografía cultural larguísima.
Albahaca
Su nombre viene del griego basilikón, «real», y la planta llegó a Europa desde el sur de Asia a través de India e Irán. En la literatura tiene un papel memorable: en el Decamerón de Boccaccio, Lisabetta de Mesina esconde en una maceta de albahaca la cabeza de su amante asesinado y la riega con sus lágrimas hasta que la planta crece extraordinariamente frondosa. Una historia macabra para una hierba que hoy se asocia sobre todo al verano, al tomate y al pesto.
Hierbabuena
En las Metamorfosis de Ovidio, dos ancianos campesinos, Baucis y Filemón, reciben en su casa humilde a dos caminantes que resultan ser dioses. Antes de servirles la comida, frotan la mesa con menta fresca. Es probablemente la mejor imagen que existe de por qué esta planta acabó asociada a la hospitalidad: una casa pequeña, una mesa modesta y el aroma como forma de dar la bienvenida.
Perejil
En Grecia tuvo una doble vida: se ofrecía a las visitas como muestra de hospitalidad y, al mismo tiempo, se usaba en coronas funerarias. Su germinación lentísima dio pie a todo tipo de creencias populares sobre lo que hacían sus raíces mientras tanto. Hoy sigue siendo la hierba más presente en las cocinas del sur de Europa y la más invisible: casi nunca protagoniza un plato, pero se echa de menos en cuanto falta.
Cilantro
Se han encontrado semillas de cilantro en contextos funerarios del antiguo Egipto, y en el Éxodo el maná se describe comparándolo con la semilla de cilantro. Milenios después sigue siendo la hierba que más divide a los comensales del mundo: quien la ama la echa en todo y quien no, la detecta a metros de distancia. Regalarla es, en cierto modo, una declaración de intenciones.
Un detalle que agradece quien recibe el regalo: escribir a mano en la tapa de la caja qué se puede cocinar con cada hierba. Albahaca para el pesto y las ensaladas de tomate, perejil para la salsa verde y las cazuelas de pescado, hierbabuena para el tabulé y las infusiones, cilantro para los guacamoles, los curris y los mojos. Convierte el objeto decorativo en una promesa concreta.
Lo que conviene saber antes de regalarlo
Un kit de cultivo es un buen regalo si se entrega con expectativas realistas. Estas son las cuatro cosas que más frustraciones evitan:
- La luz manda más que el kit. La albahaca es la más exigente de las cuatro: se le calculan entre seis y ocho horas de luz directa al día. En una cocina interior sin ventana no va a prosperar, por bonita que sea la caja.
- El perejil tarda. Puede pasar entre tres y cuatro semanas hasta que asoma. Conviene advertirlo, porque muchas macetas se dan por muertas mucho antes de tiempo.
- La hierbabuena va sola. Es invasiva y coloniza la maceta entera si se la deja. Este es el consejo que salva al resto del kit.
- El cilantro prefiere el fresco. Es de estación fresca y tolera algo de sombra; con calor se espiga enseguida, florece y deja de dar hoja.
Un apunte más: en las macetas biodegradables de fibra suele aparecer algo de moho, y es normal. Si aparece mucho, es señal de riego excesivo y basta con espaciarlo.
Para quien no quiere esperar
No todo el mundo tiene paciencia de jardinero, y no pasa nada. Si la persona que va a recibir el regalo prefiere lo verde inmediato, hay una variante que funciona igual de bien: la cesta con las hierbas ya plantadas y crecidas, en macetas de barro o cerámica, listas para cortar el mismo día.
Y existe una tercera opción, que es la más bonita de las tres: comprar el kit con antelación y cultivarlo uno mismo. Se siembra en casa, se cuida durante unas semanas y se entrega la cesta con las plantas ya hechas. El regalo deja de ser un objeto comprado para convertirse en tiempo dedicado, que es un regalo bastante más difícil de improvisar. Basta con contar unos dos meses de margen y elegir una cesta de mimbre o una jardinera que aguante el trasiego.
Si se opta por la cesta ya crecida, conviene trasplantar cada hierba a su maceta individual antes de regalarla —sobre todo la hierbabuena— y forrar la cesta con plástico o con una bandeja para que el riego no acabe en el suelo del salón.
No solo para casas nuevas
Este tipo de regalo funciona igual de bien en otras ocasiones.
- Como regalo de cumpleaños para quien cocina y ya lo tiene todo: no ocupa el sitio de ningún cacharro y no se duplica.
- Como forma de dar las gracias después de una cena en casa ajena, que es una deuda difícil de saldar con una botella más. Para quien acaba de independizarse y estrena su primera cocina.
- Para quien vive en un piso sin balcón y no se plantea que una ventana luminosa basta para tener albahaca fresca en verano.
También es un regalo que se lleva bien con los niños de la casa, porque hay algo que hacer cada día y algo que ver cambiar cada semana.
La primera comida de la casa nueva
Las tradiciones antiguas de pan, sal y aceite tenían un punto de conjuro: se pedía abundancia para un hogar que todavía no había demostrado nada. Un puñado de semillas pide lo mismo, pero pone la parte del trabajo del lado de quien recibe el regalo.
Y luego llega el día en que hay suficientes hojas para cortar. Un pesto, un tabulé, unas patatas con perejil, un guacamole. Ese plato tiene algo que ningún otro plato de esa casa va a volver a tener: se cocina con algo que creció allí dentro. Es probable que no se recuerde quién regaló las toallas ni quién trajo la vajilla, pero sí quién trajo la albahaca.

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