Cómo conseguir que los niños coman verduras y hortalizas

Seamos realistas, queridos padres, la hora de comer suele ser conflictiva cuando los niños son quisquillosos. Si al niño, o niña, no le gusta algo de lo que está en el plato, suele ser el comienzo de una batalla de voluntades, ya sea porque los niños se niegan rotundamente a comerlo, o porque los padres intentan todo lo que se les ocurre para que lo hagan. El resultado no suele ser bueno, no importa quien gane.  Cuando los padres imponen su voluntad, los niños se sienten fatal porque tuvieron que comer algo que les parecía repulsivo. Si los niños se salen con la suya y no comen, los padres se sienten francamente mal porque saben que sus hijos no están alimentándose como necesitan para crecer sanos. Sin mencionar que los padres son conscientes de que los hábitos alimenticios se establecen temprano y les preocupe que sus hijos aborrezcan ciertos alimentos saludables de por vida. El rechazo puede ocurrir porque tengan malos recuerdos asociados con estos alimentos, debido a que mamá y papá les obligaron a comerlos cuando niños, o simplemente los evitan por completo porque todavía les parece que tienen un sabor desagradable.

¿Cuántas veces son las verduras la causa del problema? Muchas. Si a los niños no les gustan las verduras, parece una batalla imposible de ganar ¿verdad? No lo es. No hace falta preocuparse demasiado. Hay más de una forma de conseguir que los niños coman verduras sin tener pesadillas después, y sin que papá y mamá parezcan padres desnaturalizados.

Lo primero es predicar con el ejemplo

Y comer verduras. Los niños, especialmente los pequeños, son monos de imitación y quieren hacer todo lo que ven hacer a los adultos. Si los niños ven a sus padres comiendo verduras estarán más dispuestos a hacer lo mismo.

Unas si, otras no

¿No comen ninguna verdura ni hortaliza o hay algunas que les gustan? Puede que todo lo que haga falta sea elegir las verduras adecuadas. Si los niños no les gustan las coles de Bruselas pero comen espinacas ¿por qué intentar darles coles de Bruselas a toda costa día tras día? Hay otras formas de lograr que la dieta familiar sea equilibrada y es más fácil usar recetas que sabemos positivamente que les gustan. Si hay verduras que les gustan, siempre se pueden servir en mayor cantidad y poner un poco de las que no aprecian tanto al lado.

Buscar la receta

Raro es el niño a quien no le gusta la salsa de tomate, y el tomate es una hortaliza desde el punto de vista culinario. Si no comen coliflor ni judías verdes cocidas, puede que si coman coliflor con bechamel y judías verdes guisadas con salsa de tomate. Un arroz puede llevar pimientos, guisantes, judías verdes, habas tiernas y muchas más hortalizas. La lasaña suele ser un éxito aunque sea una lasaña de verduras.

¿Blando o crujiente?

Muchas veces, no es la verdura lo que no le gusta al niño, sino la consistencia. A algunos niños no les gusta la textura crujiente de las verduras y hortalizas crudas y otros no pueden soportar la sensación blanducha de los guisantes y las zanahorias muy cocidos. Quienes han estado ofreciendo a sus hijos verduras cocidas, deben intentar servirlas sólo blanqueadas o crudas, y viceversa. Esto podría ser todo lo que se necesita para que las coman a gusto.

Mejor cuando los niños participan

Incluso los niños pequeños pueden ayudar en la cocina de una forma u otra. Al menos pueden ayudar a comprar la comida. Cuando se involucran en la preparación de la comida junto con sus padres, acaba por gustarles la cocina porque disfrutan el tiempo que pasan con sus ellos. Ver cómo se prepara algo de comer también ayuda a algunos niños a darse cuenta de que las zanahorias y las patatas tienen mucho en común.

A veces se puede jugar con la comida

La comida entra por los ojos. Si resulta aburrido y poco apetitoso al contemplarlo, los niños probablemente no querrán probarlo. Puede que esas verduras parezcan mucho más apetitosas al dibujar caras, animales y objetos en el plato con ellas. Y al dejar que los niños “jueguen” con su comida de esa forma, moviendo las verduras para que aparezcan caras divertidas, casi siempre acaban por comérselas a gusto.

Algo para mojar las verduras

Las salsas hacen que la comida sepa mejor. Y eso de mojar algo de comida en una salsa parece un juego que a los niños les encanta. ¿Cuántos rechazarían patatas fritas mojadas en kétchup? Hay niños que no tocan las espinacas comen puntas de espárrago mojadas en huevo pasado por agua o tiras de pimiento mojadas en una salsa de queso cremoso. Es sorprendente el número tan grande de niños que disfrutan comiendo verduras crudas mojadas en aliño del rancho.

Hasta la última gota

Algunos niños, que normalmente se niegan a comer verduras, no tienen problemas para beberlas, especialmente en forma de batidos. Se pueden hacer batidos con una gran variedad de frutas y verduras y conseguir así que reciban su ración diaria.

Jugar al escondite

A algunos padres no les gusta mucho esta idea, pero es efectiva. Si tienes un hijo que simplemente rechaza las verduras y hortalizas todo el tiempo y bajo cualquier forma, lo mejor es esconderlas entre otros alimentos. Desde hacerlas puré o cubrirlas con salsa para que no parezcan verduras, incorporarlas a las salsas, sopas, pizza e incluso el pan y los bizcochos.

Comer lo mismo que todos comen

Muchos padres recurren a preparar una comida especial para los pequeños con los alimentos que les gustan solo para asegurarse de que comen algo. Esto les hace más caprichosos pues se dan cuenta rápidamente de que no tienen que comer lo que come el resto de la familia porque mamá o papá les darán lo que quieren al final. La comida debe ser la misma comida para todos. La única excepción es que el niño deba seguir una dieta especial debido a alergias y otros problemas relacionados con la salud.

Sin prisa

Quien dijo la frase "Escoge sabiamente tus batallas" podría haber sido padre de un niño difícil a la hora de comer. Casi seguro que alguna de las estrategias anteriores ayudará a evitar esas batallas. Si no fuera así, no hay que obligar a los niños a comer verduras.

Pero sin pausa

Los niños necesitan consistencia en todos los aspectos de su vida y una alimentación saludable no es una excepción, así que hay que seguir intentándolo. Tener que batallar con los niños para que coman verduras es agotador, por lo que resulta fácil darse por vencido. Los niños pueden ser tercos, pero eventualmente se darán cuenta y, a la larga, incluso podrían darles las gracias a sus padres por mantenerse firmes en este tema. Aunque sus labios no lleguen a pronunciar  esa palabra, su cuerpo y su salud lo harán.