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Sales aromatizadas caseras: apio, ajo, cebolla, hierbas y cítricos

Las sales aromatizadas —de apio, de ajo, de cítricos, de hierbas— parecen un capricho de tienda gourmet, pero se hacen en casa con dos ingredientes y un rato de paciencia. La ventaja de hacerlas tú: controlas la intensidad, evitas los antiaglomerantes de las versiones comerciales, y aprovechas restos que normalmente van a la basura, como las hojas del apio o la piel de los cítricos.

Dos técnicas, según el aromático

Hay dos formas de hacer sal aromatizada, y cuál usar depende de lo que quieras aromatizar. Para hojas y láminas finas —apio, ajo, hierbas— funciona mejor secar el aromático y molerlo con sal gruesa. Para pieles de cítricos, en cambio, no hace falta ni horno ni molinillo: basta con cubrirlas de sal en un bote de cristal y dejar que la propia sal absorba sus aceites con el tiempo. Y para especias que ya vienen secas, como el pimentón, ni siquiera hay que esperar: se mezclan directamente.

Sal de apio

Usa solo las hojas del apio, no el tallo — son las que concentran el aroma. Extiéndelas en una bandeja y déjalas secar al aire durante uno o dos días, o acelera el proceso en el horno a la temperatura mínima, con la puerta entreabierta, durante una o dos horas, hasta que estén quebradizas. Muele las hojas secas junto con sal gruesa, a partes iguales, en un molinillo de especias o un mortero, hasta obtener una sal fina de un verde apagado. Es la que da nombre al clásico bloody mary, pero también funciona de maravilla sobre huevos, patatas asadas o palomitas.

Sal de ajo

Corta los dientes de ajo en láminas lo más finas posible. Extiéndelas sin que se toquen entre sí y sécalas igual que las hojas de apio, vigilando que no lleguen a dorarse demasiado — el ajo quemado amarga toda la sal. Una vez crujientes, muélelas con sal gruesa a partes iguales. El resultado es mucho más suave que el ajo en polvo comercial y funciona bien en carnes, salsas y aliños.

Sal de cebolla

El mismo procedimiento que la sal de ajo, pero con cebolla cortada en juliana muy fina. Tarda algo más en secarse por su mayor contenido en agua — cuenta con dos o tres horas en el horno a temperatura mínima, o dos o tres días al aire. Una vez seca y quebradiza, se muele con sal gruesa. Es la base perfecta para hamburguesas caseras o para sazonar legumbres.

Sal de hierbas

Romero, tomillo u orégano frescos se secan igual que las hojas de apio: extendidos en una bandeja, al aire o en el horno a temperatura mínima, hasta que se desmenucen entre los dedos. Muele las hojas secas —sin los tallos leñosos— con sal gruesa. Una sal de romero es perfecta para patatas asadas o carnes a la brasa; una de hierbas mixtas, para cualquier plato mediterráneo.

Sal de lima o limón

Con un pelador de patatas, retira solo la piel de color de dos limas o limones frescos, sin llegar a la parte blanca, que amarga. Colócala en un bote de cristal y cúbrela por completo de sal. No hace falta ni horno ni molinillo: la propia sal se encarga de secar la piel y absorber sus aceites aromáticos con el tiempo. Al cabo de unos días tendrás una sal cítrica lista para pescado, pollo o carne a la parrilla.

Sal de pimentón (la exprés)

La única de esta lista que no necesita secado, porque el pimentón ya viene seco. Mezcla sal fina con pimentón dulce o picante, en la proporción que prefieras —empieza por una cucharadita de pimentón por cada cuatro de sal, y ajusta al gusto—. Es la más rápida de todas: dos minutos y lista. Perfecta para patatas bravas, chorizo casero o cualquier plato que pida un toque ahumado.

Conservación

Todas estas sales se conservan varias semanas en un bote hermético, en un lugar seco y alejado de la luz directa. Las que llevan aromático seco y molido (apio, ajo, cebolla, hierbas) aguantan más tiempo que las de infusión en piel fresca (lima, limón), que conviene consumir en tres o cuatro semanas para que el aroma no se pierda.

Otras combinaciones para experimentar

Una vez dominadas las técnicas básicas, se pueden mezclar y variar casi sin límite: sal de guindilla (láminas de guindilla seca molidas con sal), sal de cítricos mixta (piel de lima, limón y naranja juntas en el mismo bote), o una sal ahumada casera dejando reposar sal gruesa con unas hojas de té ahumado (lapsang souchong) durante una semana.

Cuenco de cerámica azul lleno de sal de ajo casera, con escamas de sal, trozos de ajo deshidratado y motas de hierbas, sobre una mesa de madera oscura.

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