Un pequeño grupo de castañas de agua descansa sobre un fondo blanco y luminoso que realza sus formas redondeadas y achatadas. La piel, de un marrón caoba casi negro, brilla con reflejos lustrosos y deja ver finas escamas papiráceas de tono tostado que se agrupan en anillos alrededor de la corona, de la que brota un pequeño brote seco y retorcido. En primer plano, dos piezas rompen el conjunto oscuro: una castaña completamente pelada, de un blanco marfil liso y ligeramente facetado por el cuchillo, y otra cortada por la mitad que descubre una pulpa crujiente, compacta y de un color crema pálido, enmarcada por el fino borde oscuro de la piel. La luz suave y uniforme subraya el contraste entre el exterior brillante y el interior jugoso, y transmite la frescura de este tubérculo acuático tan apreciado en la cocina asiática por su textura crocante.