Botulismo
El botulismo es una enfermedad poco común pero potencialmente mortal causada por la toxina producida por la bacteria botulínica.
Es la enfermedad producid por las toxinas que libera la bacteria Clostridium botulinum. Se trata de una bacteria anaeróbica que no crece cuando hay aire. Tampoco crece en alimentos muy ácidos.
Estas toxinas atacan al sistema nervioso central, provocando parálisis muscular que puede comprometer la respiración. La enfermedad suele ser fatal aunque la cantidad de toxinas ingerida sea muy pequeña.
- Botulismo alimentario: Se produce por la ingestión de alimentos contaminados con la toxina botulínica. Es más común en adultos y ocurre cuando la bacteria ha crecido en alimentos mal conservados, como conservas caseras, pescados fermentados o productos cárnicos.
- Botulismo infantil: Afecta a bebés menores de un año y ocurre cuando ingieren esporas de la bacteria, que luego germinan en su intestino y producen la toxina. A diferencia del botulismo alimentario, no se debe a alimentos contaminados con la toxina, sino a la colonización de la bacteria en el cuerpo del bebé.
También se puede contraer botulismo por heridas.
Síntomas
Los síntomas incluyen visión borrosa, dificultad para hablar y tragar, debilidad muscular y problemas respiratorios. La parálisis muscular provoca dificultad para hablar o comer, dificultad para respirar, pupilas dilatadas que no reaccionan a la luz, visión doble, nausea, vómitos, estreñimiento.
En un bebé se puede apreciar estreñimiento, pérdida de tono muscular, llanto débil, incapacidad para succionar, pupilas dilatadas.
Como se contagia
La bacteria vive en el suelo y se puede transmitir a través de la tierra que se pega a las verduras y hortalizas cuando se recogen. Suele transmitirse a través de alimentos envasados que no se han esterilizado adecuadamente.
La toxina botulínica se destruye al hervir los alimentos a 100ºC más de 20 minutos, aunque la bacteria necesita temperaturas aún más altas.
Prevención
La prevención se basa en una correcta manipulación de alimentos, evitando el consumo de productos mal conservados.
Consumir sólo embutidos y alimentos enlatados de procedencia conocida, preferentemente preparados comercialmente porque las plantas comerciales necesitan someterse a normas muy estrictas de esterilización e higiene. No consumir alimentos de latas hinchadas o abolladas, ni de envases mal cerrados, ni embutidos de procedencia dudosa.
Entre los alimentos que podrían causar problemas se encuentran las conservas de verduras poco ácidas, la carne de cerdo curada, el pescado crudo o ahumado, y la miel. Si hay la más mínima sospecha de contaminación, descartar el alimento sin probarlo.
En el caso de bebés, se recomienda no mojar el chupete en miel, ni endulzar las primeras papillas con miel pues es un producto envasado que puede no haberse tratado a una temperatura suficientemente alta.