Breve historia del café

La historia del café es una historia de aventuras alrededor del mundo.

Puede que la cerveza gane el premio al brebaje más antiguo hecho por el hombre, con el vino como un segundo candidato, aunque distante. Hay recetas de cerveza de los años  6000 AC, pero los procesos enológicos más antiguos conocidos datan solamente del comienzo del primer milenio.

El café, su primo más joven, llegó a la historia unos cientos de años más tarde, aunque nadie sabe cuan antigua es la planta en sí. Algunas evidencias arqueológicas muestran que los humanos masticaban las bayas del café hace cien unos mil años.

Una leyenda dice que un pastor en Etiopía observó cómo sus cabras se excitaban y se volvían más activas después de comer las bayas rojas de un árbol cercano y sintió curiosidad. Al probarlas el mismo, también sintió un golpe de energía. Alrededor de los años 600 DC, esas bayas mágicas, y el brebaje que se hace de secar y triturar sus semillas ya se había hecho popular en lo que ahora es el Yemen, en el extremo sur de la península arábiga.

Las historias hablan de un nativo de la India que se llevó en secreto las preciosas semillas del árbol del café fuera de Arabia alrededor del 1650 DC, plantándolos entonces en las colinas de Chikmagalur. La ley árabe de entonces prohibía la exportación de semillas que pudieran germinar, controlando efectivamente el comercio del café durante siglos. Ya sea mito o historia, el fruto de esas semillas ahora forma un tercio de la producción de café de la India, que no es pequeña.

Los europeos, tanto españoles, como británicos, holandeses, franceses y otros, llevaron los granos a otros países durante sus viajes. Los holandeses fueron los responsables de su introducción a Java en el siglo XVIII. De esas plantaciones, nos cuenta la historia, vino el famoso árbol codiciado por el rey de Francia, y que le fue presentado como un regalo.

Luis XIV de Francia, al darse cuenta que el árbol no toleraba bien la escarcha, había construido un invernadero para preservarlo y tener siempre un suministro de granos de café para hacer el brebaje tanto le gustaba saborear. Se dice que de esa fuente vinieron los cultivares usados ​​en Centro y Suramérica.

El café llegó a la Martinica alrededor de 1720. Los brotes se plantaron y crecieron bien en el cálido clima caribeño. De los miles de árboles que salieron en la Martinica, se llevaron algunos a México, donde el producto es ahora una de sus mayores exportaciones.

Alrededor de la misma época que a la Martinica, el café llegó a la Guayana Francesa. El árbol creció bien en esa atmósfera húmeda. Viendo una oportunidad, un pillo llamado Francisco de Melo Palheta solicitó la ayuda de la esposa del gobernador para sacar semillas del país de contrabando. Mientras se preparaba para viajar a Brasil, la dama le entregó un ramo de flores que contenía las semillas ilícitas.

Brasil es ahora uno de los mayores productores de café del planeta.

Desde Brasil las semillas completaron el círculo, llegando a Kenia y Tanzania a finales del siglo XIX, no lejos de su morada original en Etiopía. Seis siglos para retornar a casa es un viaje muy largo y una excelente excusa para descansar y tomar una taza de café.

La leyenda y la realidad

Que una mera bebida pudiera generar tantas historias románticas y tantos negocios puros y duros es una maravilla. Sin embargo, desde sus inicios hasta el presente, este líquido oscuro y fuerte ha fascinado, curado y enriquecido a miles de millones de personas en todo el mundo.

Las leyendas abundan sobre los orígenes de la planta de café, pero las historias más fiables apuntan a su descubrimiento en Etiopía alrededor del año 500 AC.. Desde allí, después de observar los efectos estimulantes de sus bayas, los viajeros las llevaron a Arabia, donde adquirió el nombre.

El Renacimiento dio a luz no sólo a la ciencia y al arte, sino a la producción comercial y la distribución en el mundo conocido de «ese líquido pagano» como más tarde se le llamaría. A finales del siglo XVIII, tanto las plantaciones como la popularidad de la bebida se habían extendido a Europa, Asia, Oriente Medio, América del Sur y Norteamérica, ya todas las clases sociales.

A lo largo de esos largos siglos los efectos en la salud atribuidos al café rayan en lo milagroso. Pero, como ocurre con la mayoría de los así llamados milagros, hay algo de vedad en el fondo.

Algunos estudios sugieren que los espermatozoides de mamíferos nadan más rápido, más lejos y durante más tiempo en un líquido que contiene café. La teoría es que la cafeína los estimula. Un estudio de Harvard rastreó a más de 100.000 personas durante casi 20 años, llegando a la conclusión de que el consumo moderado puede ayudar a reducir la diabetes. Otros estudios muestran una reducción en la cirrosis hepática y una disminución de la gravedad del asma.

Al igual que ocurre con el vino, los antioxidantes que contiene el café han sido promocionados como una ayuda para mantener los corazones sanos, aunque ha debates furiosos sobre si los beneficios superan a los inconvenientes. El café es un diurético y estimula la micción más frecuente, y algunos afirman que la estimulación continuada con cafeína produce degeneración nerviosa a largo plazo. La cafeína crea una cierta adicción y la abstinencia produce un corto síndrome de abstinencia y puede producir insomnio. Además, la cafeína es un insecticida natural.

café con terrón de azúcar