Gastronomía y arte en el siglo XIX
La comida en el arte del siglo XIX va del campo al café, del aristócrata al pueblo.
El siglo XIX rompió el mundo en pedazos y los volvió a juntar de otra manera. La Revolución Industrial transformó dónde vivía la gente, cómo trabajaba y quécomía. Las ciudades crecieron hasta volverse irreconocibles. Los mercados, los cafés, los restaurantes y los comercios de alimentación se convirtieron en losnuevos escenarios de la vida social. Y el arte lo registró todo: los campos de trigo donde trabajaban los campesinos, las cocinas donde sudaban las cocineras, loscafés donde los intelectuales discutían y los obreros bebían, las mesas burguesas donde la nueva clase media exhibía su prosperidad recién ganada.
En este siglo, la comida en el arte dejó definitivamente de ser asunto exclusivo de aristócratas y teólogos. Los pintores realistas pusieron su mirada en el pan negro del jornalero, en la sopa del pobre, en el trabajo agotador de quien produce los alimentos que otros consumen. Los impresionistas descubrieron la luz sobre un mantel blanco, el brillo de una copa de absenta en el zinc de un bar, la alegría desordenada de un almuerzo entre amigos a la orilla del río. Y al final del siglo, Cézanne se quedó solo ante una manzana y la miró tan fijamente, durante tanto tiempo, que la convirtió en la semilla de toda la pintura moderna.
Goya: la sombra que cae sobre la mesa
Francisco de Goya abre el siglo XIX en España con una obra que no se parece a nada anterior. Sus bodegones de la década de 1808–1812, pintados durante o poco después de la Guerra de la Independencia, son imágenes que han perdido todo rastro del placer contemplativo que caracterizaba al bodegón del Siglo de Oro o a los refinados cuadros de Meléndez.
El Bodegón con costillas, lomo y cabeza de cordero (Museo del Prado) muestra unos despojos de carnicería sobre una mesa oscura con una crudeza casi brutal. No hay composición elegante, no hay luz cuidadosamente trabajada, no hay intención decorativa. Hay carne muerta, sangre implícita y una oscuridad que lo cubretodo. Son bodegones pintados desde la guerra, desde el hambre, desde la conciencia de que el cuerpo —humano o animal— es materia vulnerable.
Esos bodegones tardíos de Goya son un punto de inflexión en la historia de la representación de la comida en el arte español. Después de ellos, nada vuelve a ser igual de tranquilo.
El Realismo: la comida del que trabaja
A mediados del siglo XIX, un grupo de pintores europeos —encabezados en Francia por Gustave Courbet y Jean-François Millet— decidieron que el arte debíamirar la realidad sin idealizarla, y que esa realidad incluía a los campesinos, los obreros y los pobres que la pintura académica había ignorado durante siglos. El Realismo fue también, entre otras cosas, una revolución en la manera de representar la comida.
Millet y el campesino que alimenta al mundo
Jean-François Millet pintó a los campesinos franceses trabajando en los campos con una dignidad monumental que escandalizó a la burguesía parisina de suépoca. Sus obras más famosas —El ángelus (1857–1859), Las espigadoras (1857)— no muestran comida en el sentido habitual, sino algo más fundamental: eltrabajo de producirla. Las mujeres que recogen las espigas caídas después de la cosecha son las que transforman el trigo en pan. El hombre y la mujer que rezan elángelus al final de la jornada están dando gracias por una cosecha de patatas que apenas les alcanzará para sobrevivir el invierno.
Millet puso el foco en una verdad que el arte de los siglos anteriores había preferido ignorar: la comida que aparece tan elegantemente representada en losbodegones y en las mesas de los banquetes es el resultado de un trabajo extenuante realizado por personas que raramente comen bien. Esa conciencia de la cadenaentre producción y consumo alimentario es una de las aportaciones más importantes del Realismo a la historia de la comida en el arte.
Courbet y la cocina sin glamour
Gustave Courbet fue más directo y más provocador que Millet. Su Naturaleza muerta con truchas y sus escenas de caza no tienen nada de la elegancia del bodegónbarroco: son animales muertos con toda su materialidad bruta, pescados recién sacados del agua, piezas de caza con la sangre aún fresca. Courbet miraba la comida como miraba todo lo demás: de frente, sin concesiones, negándose a embellecerla.
La pintura de costumbres española
En España, el Realismo tomó la forma de la pintura de costumbres: escenas de la vida popular andaluza, valenciana o madrileña en las que la comida y la bebidaeran elementos centrales. Pintores como Mariano Fortuny, Eduardo Rosales o Joaquín Sorolla retrataron mercados, cocinas, tabernas y mesas familiares con unacombinación de rigor realista y sensibilidad luminosa que conectaba la tradición española con las corrientes europeas contemporáneas.
Sorolla merece mención especial. Sus escenas de pesca valenciana —los hombres sacando las redes al amanecer, las mujeres limpiando el pescado en la playa, losniños jugando junto a las barcas— son imágenes de la cadena alimentaria del Mediterráneo tratadas con la misma luminosidad que sus famosas escenas de playa. La comida, en Sorolla, viene siempre del mar y del trabajo, y la luz sobre ella es la misma luz que lo baña todo.
El Impresionismo: la comida en la luz del instante
Los pintores impresionistas —Monet, Renoir, Manet, Degas, Pissarro— cambiaron la manera de mirar el mundo y, con él, la manera de mirar la comida. Su interésno estaba en la composición cuidadosa ni en el significado simbólico, sino en la impresión visual directa: la luz que cambia, el movimiento, el instante capturadoantes de que se desvanezca. Y la vida moderna, con sus cafés, sus restaurantes, sus picnics y sus meriendas familiares, les ofrecía exactamente el tipo de escenasque buscaban.
Manet: el escándalo en la mesa
Édouard Manet colocó la comida en el centro de dos de los cuadros más polémicos del siglo XIX. Le Déjeuner sur l'herbe (El almuerzo sobre la hierba, 1863, Museo de Orsay) escandalizó al público parisino no por la comida —un cesto con frutas y pan en primer plano— sino por la combinación de una mujer desnudacon hombres vestidos en un picnic ordinario. Pero la comida no era inocente: su presencia ordinaria y mundana era parte de la provocación, la negativa de Manet a darle a la desnudez femenina una coartada mitológica.
Su Bar en el Folies-Bergère (1882, Courtauld Gallery, Londres) es otra obra maestra en la que la comida y la bebida son protagonistas: sobre el mostrador de mármol reposan botellas de champán, de cerveza y de licor de naranja con una presencia casi bodegonística, mientras la camarera mira al vacío con una expresiónque habla de alienación y soledad en medio del brillo de la vida nocturna parisina.
Renoir y la alegría de comer juntos
Pierre-Auguste Renoir pintó El almuerzo de los remeros (1880–1881, Phillips Collection, Washington) —conocido también como Le déjeuner des canotiers— con una exuberancia y una alegría que son el polo opuesto de la melancolía de Manet. La escena muestra a un grupo de amigos al final de un almuerzo en la terraza de un restaurante a orillas del Sena: botellas de vino, frutas en la mesa, conversaciones que se cruzan, la luz del verano filtrándose por el toldo de rayas.
Es una imagen del placer de comer en compañía que sigue siendo perfectamente reconocible hoy: esa sobremesa que se alarga sin que nadie quiera levantarse, ese desorden afectuoso de una mesa a la que ha llegado gente con hambre y de la que se marcha con pereza. Renoir no pintaba símbolos ni mensajes: pintaba elmomento, y el momento era bueno.
Degas, Toulouse-Lautrec y el café moderno
Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec convirtieron el café, el bar y el cabaret en los nuevos escenarios de la vida alimentaria moderna. Su L'Absinthe de Degas (1876, Museo de Orsay) muestra a una mujer y un hombre sentados ante sus copas en un café parisino con una expresión de vacío y abatimiento que habla de soledad urbana más que de placer. El vaso de absenta —bebida de moda y de mala reputación— no es un objeto de deseo sino un símbolo del aislamiento en la ciudad moderna.
Toulouse-Lautrec, que vivió literalmente en los cabarés y cafés de Montmartre, los pintó desde dentro: la barra, los camareros, las bailarinas comiendo entre bambalinas, los bebedores habituales. Su mirada no juzga ni romantiza: simplemente registra, con una línea rapidísima y un sentido del color extraordinario, la vida que pasa.
Cézanne: la manzana que cambió toda la pintura
Paul Cézanne es el gran punto de inflexión en la historia de la comida en el arte, y el puente entre el siglo XIX y el arte moderno del XX. Trabajó durante décadascon los mismos temas —manzanas, peras, naranjas, una mesa, un mantel, una jarra— volviéndolos a mirar una y otra vez, buscando algo que los impresionistas, con su interés por el instante fugaz, no habían encontrado: la estructura permanente que subyace bajo la apariencia cambiante de las cosas.
Sus naturalezas muertas no tienen la textura sedosa de Chardin ni la opulencia de De Heem ni la austeridad espiritual de Zurbarán. Tienen algo distinto y másdifícil de nombrar: una sensación de peso, de volumen, de que los objetos existen en el espacio con una presencia casi arquitectónica. Cézanne pintaba las manzanas desde varios ángulos al mismo tiempo sin que el cuadro perdiera coherencia, deformaba ligeramente las perspectivas para que cada objeto tuviera supropio centro de gravedad.
El propio Cézanne dijo que quería "hacer del Impresionismo algo sólido y duradero, como el arte de los museos". Lo consiguió. Sus naturalezas muertas fueron elpunto de partida directo del Cubismo de Picasso y Braque, que fragmentó los objetos de la mesa en múltiples perspectivas simultáneas. Sin las manzanas de Cézanne, no hay Les Demoiselles d'Avignon, no hay arte moderno tal como lo conocemos. Una fruta sobre una mesa cambió la historia del arte.
América Latina: comida, identidad y pintura en el siglo XIX
El siglo XIX fue también el siglo de las independencias latinoamericanas, y el arte de la región comenzó a construir una identidad propia en la que la comida teníaun papel simbólico importante. Los pintores costumbristas de México, Colombia, Venezuela y Argentina retrataron mercados, cocinas y escenas de alimentaciónpopular que eran, al mismo tiempo, retratos de sociedades en formación.
En México, pintores como Agustín Arrieta desarrollaron un género de bodegón y escena de cocina que mezclaba la tradición española del Siglo de Oro con losingredientes y los objetos propios del mundo mexicano: chiles, cacao, mole, pulque, los mercados de Puebla llenos de frutas tropicales. Sus cuadros son documentos visuales únicos de la cultura material y gastronómica del México del siglo XIX, y establecen un puente entre la herencia colonial y la identidadnacional emergente.
Esa tradición de usar la comida como vehículo de identidad cultural —de decir "esto es lo que comemos, y por tanto esto es lo que somos"— alcanzaría suculminación en el muralismo mexicano del siglo XX, con Diego Rivera poniendo los mercados y la cocina prehispánica en el centro de su visión de la historia de México.
Obras de referencia
- Francisco de Goya, Bodegón con costillas, lomo y cabeza de cordero (h. 1808–1812) — Museo del Prado, Madrid
- Jean-François Millet, Las espigadoras (1857) — Museo de Orsay, París
- Jean-François Millet, El ángelus (1857–1859) — Museo de Orsay, París
- Édouard Manet, Le Déjeuner sur l'herbe (1863) — Museo de Orsay, París
- Édouard Manet, Bar en el Folies-Bergère (1882) — Courtauld Gallery, Londres
- Pierre-Auguste Renoir, El almuerzo de los remeros (1880–1881) — Phillips Collection, Washington
- Edgar Degas, L'Absinthe (1876) — Museo de Orsay, París
- Paul Cézanne, Naturaleza muerta con manzanas y naranjas (h. 1899) — Museo de Orsay, París
- Joaquín Sorolla, escenas de pesca valenciana (h. 1895–1910) — Museo Sorolla, Madrid
- Agustín Arrieta, Bodegón con chiles y frutas (h. 1850–1865) — colecciones mexicanas diversas