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Gastronomía y arte contemporáneo

La comida en el arte contemporáneo es medio, memoria, política y participación.

En el arte contemporáneo, la comida ya no está solo en el cuadro. Está en el cubo blanco de la galería, cocinándose en directo. Está fermentándose en unainstalación durante semanas hasta pudrirse. Está siendo servida a los visitantes del museo que, al comerla, se convierten en parte de la obra. Está en los mercados que el artista recrea para hablar de migración, en las recetas de la abuela que se proyectan en una pantalla gigante, en el campo de trigo plantado en el corazón de Manhattan. 

El arte contemporáneo —el arte producido desde los años ochenta hasta hoy— ha llevado la presencia de la comida hasta un punto que ningún período anterior había alcanzado: la comida como medio, no solo como tema. Esto significa que muchos artistas trabajan con alimentos reales, con los actos de cocinar y comer, con los sistemas de producción y distribución alimentaria, no para representarlos sino para activarlos, cuestionarlos o transformarlos. 

En ese proceso, la comida ha dejado de ser objeto de contemplación para convertirse en motor de conversación sobre algunas de las preguntas más urgentes de nuestro tiempo: ¿Quién tiene acceso a qué comida y por qué? ¿Qué dice lo que comemos sobre de dónde venimos? ¿Qué le estamos haciendo al planeta con nuestra manera de producir y consumir alimentos? ¿Puede comer juntos ser un acto político? 

La comida como medio: cocinar en la galería 

La idea de que cocinar y servir comida puede ser en sí mismo un acto artístico tiene su origen más reconocido en la obra del artista tailandés Rirkrit Tiravanija, que en 1992 cocinó curry tailandés para los visitantes de una galería de Nueva York y sirvió la comida como si aquello fuera la obra. No había cuadros, no habíaesculturas, no había objetos para vender o coleccionar. Había una olla, el olor del curry, una conversación entre desconocidos sentados a una mesa provisional. 

La propuesta de Tiravanija —que se encuadra dentro de lo que el crítico Nicolas Bourriaud llamó estética relacional— era que el arte no tiene por qué producirobjetos. Puede producir situaciones, encuentros, momentos de convivencia. Y la comida, que desde los orígenes de la humanidad ha sido el pretexto y el vehículode los encuentros humanos, era el medio perfecto para crear esas situaciones. 

Desde entonces, docenas de artistas de todo el mundo han desarrollado prácticas en las que cocinar y comer son el núcleo de la obra. Algunos lo hacen a pequeñaescala, en espacios íntimos. Otros han llevado esas propuestas a instituciones como la Tate Modern, el MoMA o el Museo Reina Sofía, donde las cocinas instaladasen medio de las salas de exposición han generado debates sobre qué es el arte, quién puede hacerlo y para qué sirven los museos. 

Identidad, migración y memoria: la comida como autobiografía 

Una de las líneas más fértiles del arte contemporáneo es la que usa la comida como vehículo de identidad personal y cultural. Para muchos artistas que trabajanfuera de su país de origen —o que tienen raíces en más de una cultura— la comida es el archivo más íntimo de quiénes son y de dónde vienen. Las recetas de la abuela, los ingredientes que no se encuentran fuera del país natal, los olores que evocan una cocina de la infancia: todo eso es material artístico de primeramagnitud. 

Doris Salcedo: la mesa que falta 

La artista colombiana Doris Salcedo es una de las voces más importantes del arte latinoamericano contemporáneo, y aunque su obra no trata directamente la comida como tema, los objetos domésticos —mesas, sillas, armarios, camas— son el material central de su reflexión sobre la violencia, la desaparición y el duelo enColombia. 

Su instalación Shibboleth (2007, Tate Modern, Londres) —una grieta de 167 metros que recorrió el suelo de la sala de turbinas del museo— y obras comoAtrabiliarios o Plegaria Muda utilizan los objetos del espacio doméstico, incluida la mesa familiar, como lugares donde la ausencia se hace visible. En Salcedo, la mesa no es el lugar donde se come: es el lugar donde se recuerda a los que ya no están para comer. 

Esa dimensión del espacio doméstico y de la mesa como lugar de la memoria y el duelo resuena de manera especialmente poderosa en el contexto latinoamericano, donde la violencia política ha dejado millones de mesas vacías. Salcedo convierte esa ausencia en una presencia artística que el espectador no puede ignorar. 

La diáspora latinoamericana y la cocina como patria 

Para los artistas latinoamericanos que trabajan en Europa o Estados Unidos, la cocina de origen se convierte a menudo en el espacio más íntimo de la identidaddiaspórica. El olor del mole, la textura del maíz, el ritual del mate o del café de olla son formas de pertenecer a un lugar cuando ese lugar está lejos. 

La artista mexicana Tania Candiani ha trabajado con recetas, textiles y rituales culinarios para explorar la transmisión del conocimiento entre generaciones de mujeres. La argentina Adriana Bustos ha investigado las rutas del cacao y la cocaína como productos americanos que transformaron Europa y que el arteoccidental raramente examina desde la perspectiva de los países de origen. La chilena Cecilia Vicuña ha tejido —literal y metafóricamente— la comida indígenaandina en su práctica artística de décadas. 

En España, artistas vinculados a las comunidades migrantes latinoamericanas han llevado sus cocinas de origen a los espacios artísticos como actos de presencia y afirmación cultural. Cocinar en una galería de Madrid o Barcelona un plato que la mayoría del público no reconoce es, en sí mismo, una declaración sobre quéculturas son visibles y cuáles no. 

Ecología y justicia alimentaria: el arte que pregunta qué comemos y a qué precio 

Otra de las grandes corrientes del arte contemporáneo relacionado con la comida es la que examina los sistemas de producción y distribución alimentaria desdeuna perspectiva ecológica y política. ¿De dónde viene lo que comemos? ¿Quién lo produce, en qué condiciones y con qué consecuencias para el planeta? ¿Quérelación hay entre la dieta de los países ricos y el hambre en otras partes del mundo? 

Agnes Denes — el campo de trigo en Manhattan 

Una de las obras más emblemáticas de esta corriente es anterior a que se llamara arte ecológico: en 1982, la artista estadounidense de origen húngaro Agnes Denes plantó un campo de trigo en un vertedero de Battery Park, en la punta sur de Manhattan, a pocos metros del World Trade Center y del Distrito Financiero. Cuatro meses después, recogió la cosecha —400 kilos de trigo— y envió las semillas a exposiciones en veintiocho ciudades de todo el mundo. 

undefined era una pregunta visual directa: ¿qué hace un campo de trigo en el lugar donde se concentra la mayor riqueza financiera del mundo? ¿Qué relación hay entre la tierra, el alimento y el dinero? La obra anticipó décadas de arte medioambiental y sigue siendo la referencia más citada cuando se habla de arte, comida y ecología. 

El arte y la crisis alimentaria global 

Desde los años noventa, artistas de todo el mundo han abordado las consecuencias medioambientales de la agricultura industrial, la pérdida de biodiversidadalimentaria, el impacto de los agroquímicos, la desaparición de los agricultores tradicionales y el creciente control de las semillas y los sistemas alimentarios porparte de grandes corporaciones. 

En América Latina, donde esas tensiones son especialmente visibles, artistas como el brasileño Ernesto Neto han trabajado con especias y plantas aromáticas eninstalaciones que convierten los sentidos —el olfato, el tacto, el gusto— en herramientas de conocimiento sobre los sistemas naturales que producen los alimentos. Sus enormes telas colgantes rellenas de cúrcuma, pimienta y comino transforman la galería en un espacio sensorial que habla del comercio colonial de especias y de la relación entre los cuerpos humanos y los cuerpos vegetales. 

El arte español contemporáneo: entre la tradición y la urgencia 

En España, el arte contemporáneo relacionado con la comida se mueve entre dos polos que a veces se tocan: la reflexión sobre la tradición gastronómica española—su riqueza, su diversidad regional, su peso cultural— y la mirada crítica sobre los sistemas alimentarios actuales, la despoblación rural y la pérdida de la agricultura tradicional. 

Artistas como Joan Fontcuberta han trabajado con la imagen de los alimentos en el contexto de la fotografía y la manipulación de la realidad visual. Santiago Sierra ha abordado las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas en obras que ponen el cuerpo del trabajador, no el producto de su trabajo, en el centrode la reflexión. Cabello/Carceller han explorado las identidades de género y clase en relación con los espacios domésticos de la cocina. 

El movimiento de la nueva cocina española —Ferran Adrià, Juan Mari Arzak, Andoni Luis Aduriz— generó en los años noventa y dos mil un diálogo entre gastronomía y arte que fue en ambas direcciones: los chefs pensaban y presentaban sus platos con una intención artística explícita, y varios artistas visualesrespondieron a esa provocación reflexionando sobre los límites entre el arte culinario y las artes visuales. El Bulli, el restaurante de Adrià en Cala Montjoi, fuedurante años uno de los espacios de conversación más interesantes entre gastronomía y arte contemporáneo de todo el mundo. 

El reto del museo: ¿cómo se conserva una obra que se pudre? 

Una de las preguntas prácticas más interesantes que plantea el arte contemporáneo con comida es la de la conservación. Los museos están construidos sobre la premisa de que el arte debe durar: se controla la temperatura, la humedad y la luz para preservar las obras durante siglos. Pero ¿qué hace un museo con una obrahecha de alimentos que están diseñados para pudrirse? 

El artista checo-americano Jan Švankmajer y otros artistas que trabajan con materiales orgánicos han obligado a los museos a replantearse sus protocolos. Algunas obras se documentan fotográfica y audiovisualmente y se reinstalan con materiales frescos cada vez que se exponen. Otras incorporan la descomposicióncomo parte del significado: la obra no es el objeto inicial sino el proceso completo, incluida su desaparición. 

Esa tensión entre permanencia y perecedero es, en sí misma, una reflexión sobre la comida que conecta con la tradición más antigua de la serie: el vanitas barrocoponía una mosca sobre la fruta madura para recordar que todo pasa. El arte contemporáneo con alimentos reales va un paso más allá: no representa la putrefacción, la vive. 

Por qué la comida importa más que nunca en el arte contemporáneo

Vivimos en un momento en que la comida es, simultáneamente, uno de los grandes placeres de la vida y uno de los grandes problemas del mundo. La obesidad y elhambre coexisten en el mismo planeta. La industria alimentaria es una de las mayores responsables del cambio climático. Los sistemas de producción agrícoladestruyen biodiversidad a un ritmo sin precedentes. Y al mismo tiempo, nunca había habido tanta conciencia sobre la calidad de lo que comemos, tanto interés porlos productores locales, por las tradiciones culinarias en peligro de extinción, por la relación entre la dieta y la salud.

Los artistas contemporáneos que trabajan con la comida están en el centro de esas conversaciones. No como expertos en nutrición ni como activistas políticos, sino como personas que hacen preguntas visuales, sensoriales y conceptuales sobre algo que todos hacemos varias veces al día sin pensar demasiado en ello.

Esa capacidad de hacer visible lo invisible, de convertir el acto más cotidiano en objeto de reflexión, es lo que une al artista contemporáneo que cocina curry en unagalería con el pintor neolítico que dibujó un bisonte en la pared de una cueva hace quince mil años. Los dos estaban usando la comida para decir algo sobre elmundo y sobre los seres humanos que lo habitamos.

Obras y artistas de referencia

  • Rirkrit Tiravanija, Pad Thai (1990) y múltiples piezas de cocina en galería — colecciones diversas y documentación fotográfica
  • Agnes Denes, Wheatfield — A Confrontation (1982) — obra efímera, documentación fotográfica ampliamente reproducida
  • Doris Salcedo, Plegaria Muda (2008–2010) — instalación con mesas y hierba — colecciones diversas
  • Doris Salcedo, Shibboleth (2007) — Tate Modern, Londres (obra efímera, documentada)
  • Ernesto Neto, instalaciones con especias (1990s–presente) — colecciones diversas incluyendo Tate Modern y MoMA
  • Ferran Adrià — El Bulli (1997–2011): archivo y documentación en la Fundació elBulli, Cala Montjoi (Girona)
  • Tania Candiani, obra sobre rituales culinarios y transmisión del conocimiento — colecciones mexicanas e internacionales
  • Joan Fontcuberta, series fotográficas relacionadas con imagen y alimentos — MACBA y colecciones diversas

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