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Gastronomía y arte medieval

La comida en el arte medieval y cristiano representa un símbolo sagrado, ayuno y festín.

En el arte medieval, la comida rara vez es solo comida. Un trozo de pan puede ser el cuerpo de Cristo. Un racimo de uvas puede anunciar la Eucaristía o evocar la Tierra Prometida. Un pez dibujado en la pared de una catacumba puede ser una confesión de fe en tiempos de persecución. Durante casi mil años, desde la caídade Roma hasta el Renacimiento, los artistas europeos usaron los alimentos como lenguaje simbólico antes que como objeto de observación. 

Eso no significa que la comida desapareciera del arte o que se volviera abstracta. Los manuscritos iluminados medievales están llenos de imágenes de campesinos segando, molineros moliendo, cocineros asando y comensales bebiendo. Las escenas de banquete decoran los muros de palacios y monasterios. Los calendariosagrícolas representan cada mes del año con su tarea alimentaria correspondiente. La comida estaba por todas partes en el arte medieval, pero casi siempre con unacarga de significado que iba más allá del estómago. 

España ocupa en este capítulo un lugar singular. La Península Ibérica medieval fue el escenario de una convivencia —tensa, creativa y a veces violenta— entre tresculturas con tradiciones visuales y gastronómicas propias: la cristiana, la islámica y la judía. De esa mezcla surgió un arte único, y los manuscritos iluminadosespañoles de los siglos X al XIII están entre los más extraordinarios de toda Europa. 

Pan, vino, pez: los primeros símbolos del arte cristiano 

Los primeros cristianos necesitaban comunicarse en secreto. En las catacumbas de Roma, donde enterraban a sus muertos y celebraban sus ritos lejos de la persecución imperial, desarrollaron un vocabulario visual basado en símbolos que solo los iniciados podían descifrar. Tres alimentos ocupan el centro de ese vocabulario. 

El pez —en griego ichthys, cuyas letras forman las iniciales de "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador"— fue el símbolo secreto más conocido del Cristianismoprimitivo. En las paredes de las catacumbas de San Calisto y San Sebastián, en Roma, aparecen peces pintados junto a cestas de pan, en escenas que evocan la multiplicación de los panes y los peces del Evangelio. La comida milagrosa se convierte en confesión de fe. 

El pan y el vino adquirieron desde el principio una centralidad absoluta gracias a la Eucaristía. La doctrina de la transubstanciación —la idea de que el pan y elvino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo durante la misa— convirtió estos dos alimentos en los más sagrados del imaginario cristiano. Representarlos era representar el misterio central de la fe. 

El cordero —el Agnus Dei, el Cordero de Dios— completaba la trinidad alimentaria del arte paleocristiano. El sacrificio del cordero pascual del Antiguo Testamento se leía como prefiguración del sacrificio de Cristo. En mosaicos, marfiles y manuscritos de los primeros siglos, el cordero con nimbo y estandarte es uno de los iconos más repetidos del arte cristiano. 

El arte bizantino: cuando la comida se vuelve icono

El Imperio Bizantino —el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla— sobrevivió a la caída de Roma occidental durante casi mil años más, hasta 1453. Durante ese tiempo fue el gran laboratorio del arte cristiano: el lugar donde se establecieron los modelos visuales que después adoptó, adaptó y transformó toda la Europa medieval. Sin Bizancio, el románico y el gótico no habrían tenido el vocabulario de imágenes del que partieron.

En el arte sacro bizantino, la comida aparece con la misma carga simbólica que en el resto del arte cristiano medieval, pero tratada con una solemnidad y una precisión teológica especialmente rigurosas. Los grandes mosaicos de Rávena —ciudad italiana que fue capital del Imperio Romano de Occidente y después exarcado bizantino— son el ejemplo más accesible para el visitante europeo. En San Vital y en San Apolinar Nuevo, el pan y el vino eucarísticos, el cordero pascual y las escenas de la Última Cena están representados con una riqueza de color y una geometría sagrada que influyó directamente en el arte de toda la cuenca mediterránea.

Pero el arte bizantino no se limitaba a las imágenes sagradas. Una de sus aportaciones más interesantes —y menos conocida fuera del mundo académico— es la ilustración de manuscritos sobre temas prácticos y cotidianos. El Tratado de agricultura de Opiano, el De materia medica de Dioscórides y, sobre todo, los manuscritos agronómicos que circularon por el Imperio entre los siglos VI y XII contienen ilustraciones de plantas cultivadas, animales de granja, técnicas de pesca y escenas de vendimia y recolección que son documentos visuales de primer orden sobre la vida alimentaria del mundo bizantino.

El más célebre de estos manuscritos es el Dioscórides de Viena (h. 512 d.C.), conservado en la Biblioteca Nacional de Austria, que ilustra con detalle botánico sorprendente cientos de plantas comestibles y medicinales. No es un libro de recetas, pero sí es un inventario visual de lo que se cultivaba, se comía y se usaba como medicina en el Mediterráneo oriental del siglo VI. Sus ilustraciones de hierbas, frutas y raíces son de una precisión que anticipa, con varios siglos de adelanto, la mirada naturalista que el Renacimiento aplicará a los alimentos.

Esta tradición de ilustrar manuscritos fue, durante siglos, la única forma de transmitir imágenes a distancia y de generación en generación. Antes de la imprenta, copiar un manuscrito —texto e ilustraciones— era un trabajo lento, caro y especializado que se realizaba principalmente en los scriptoria de los monasterios. Que una parte significativa de ese esfuerzo se dedicara a ilustrar plantas, animales y técnicas agrícolas dice mucho sobre la importancia que la producción de alimentos tenía en la vida cotidiana, incluso para las comunidades religiosas que teóricamente tenían la mente puesta en el cielo.

La Última Cena: la mesa más pintada de la historia 

Ninguna escena de comida ha sido representada más veces en la historia del arte que la Última Cena. El relato evangélico de la última comida de Jesús con sus apóstoles —en la que instituyó la Eucaristía y anunció su traición— reunía todos los elementos que el arte cristiano medieval necesitaba: drama, teología, simbolismo alimentario y una composición en torno a una mesa que ofrecía posibilidades narrativas inagotables. 

En el arte medieval, la Última Cena no buscaba el realismo histórico sino la claridad doctrinal. Las mesas son esquemáticas, los alimentos reducidos a sus formas esenciales —pan, pescado, copa de vino—, las figuras organizadas para que el espectador pueda identificar a Cristo, al traidor Judas y al discípulo amado Juan. Lo que importa no es qué había exactamente en la mesa aquella noche en Jerusalén, sino qué significa esa mesa para cada cristiano que se acerca a comulgar. 

Los mosaicos de Rávena, los frescos de las iglesias románicas y los manuscritos iluminados de toda Europa desarrollaron variaciones sobre este tema durantesiglos, antes de que el Renacimiento lo transformara radicalmente con el famoso fresco de Leonardo da Vinci en Milán. 

Los Beatos de Liébana: el Apocalipsis en colores de fuego 

Aquí la aportación española al arte medieval europeo es absolutamente singular. El monje Beato de Liébana, que vivió en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) en el siglo VIII, escribió un extenso comentario al Libro del Apocalipsis de San Juan. Durante los siglos siguientes, ese texto fue copiado e ilustrado repetidamente en los scriptoria de los monasterios del norte peninsular, produciendo los llamados Beatos: manuscritos iluminados que son, al mismotiempo, obras maestras del arte mozárabe y documentos fascinantes sobre el imaginario de la España medieval. 

¿Qué tienen que ver los Beatos con la comida? Más de lo que podría parecer. El Apocalipsis está lleno de imágenes alimentarias: la Bestia que devora, el banquetede los buitres sobre los cuerpos de los vencidos, el vino de la ira divina, el maná del Cielo, el árbol de la vida con sus doce frutos. Los ilustradores mozárabes de los Beatos convirtieron todas estas imágenes en composiciones de colores intensísimos —rojos, amarillos, naranjas, negros— que no tienen parangón en el arteeuropeo contemporáneo. 

El Beato de Gerona (975 d.C., Museo de la Catedral de Gerona), el Beato de Facundus (1047 d.C., Biblioteca Nacional de España) y el Beato de las Huelgas (h. 1220 d.C., The Morgan Library, Nueva York) son tres de los más espectaculares. En sus páginas, los cuatro jinetes del Apocalipsis, los ángeles con trompetas y las visiones de la Nueva Jerusalén conviven con imágenes del cordero pascual, el árbol de la vida y los frutos del paraíso. Son una teología visual en la que la comida sagrada tiene un papel central. 

Los trabajos de los meses: el calendario agrícola como arte 

Junto a las imágenes sagradas, el arte medieval desarrolló un género de representación completamente distinto: los llamados "trabajos de los meses", series de ilustraciones que representaban las labores agrícolas propias de cada mes del año. Podar las vides en febrero, sembrar en marzo, segar en julio, vendimiar enoctubre, matar el cerdo en noviembre: el ciclo alimentario anual convertido en imagen. 

Estos calendarios aparecen en los pórticos de las catedrales románicas y góticas —el más célebre en España es el del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela—, en los capiteles de los claustros, en las páginas de los libros de horas y en los frescos de los palacios. Son documentos etnográficos tanto comoartísticos: muestran qué herramientas se usaban, qué ropa se llevaba, cómo era el paisaje agrícola de la Europa medieval. 

En España, los claustros de los monasterios románicos —San Juan de la Peña (Huesca), Santo Domingo de Silos (Burgos), San Pedro de la Rúa (Estella, Navarra)— conservan capiteles con escenas de vendimia, pesca y caza que son pequeñas joyas del arte alimentario medieval. El trabajo de producir comida, que en el arteromano era asunto de esclavos casi invisible, adquiere aquí una dignidad propia: es parte del orden divino del mundo, del ritmo que Dios impuso a la creación. 

Festín y ayuno: la mesa del señor y la mesa del campesino 

El arte medieval representa dos mesas radicalmente distintas que coexisten sin mezclarse. La mesa del señor —el banquete cortesano— es abundante, ceremonial, llena de aves asadas, pasteles, copas de vino y músicos. Las iluminaciones de los libros de horas, las tapicerías y los frescos de los palacios muestran estas escenascomo imágenes del poder y la celebración. 

La mesa del campesino —cuando aparece— es sobria: pan negro, nabos, cebollas, quizás algo de cerdo salado. Las imágenes de los trabajos de los meses no suelenmostrar al campesino comiendo: lo muestran trabajando para que otros coman. La desigualdad alimentaria del mundo medieval está grabada en estas imágenescon una claridad que ningún texto histórico supera. 

Entre ambos extremos se sitúa la mesa monástica. Los monasterios medievales tenían sus propias reglas alimentarias: el ayuno era una práctica espiritual regular, y la abstinencia de carne —sustituida por pescado— era obligatoria en determinados días. Pero los monasterios también eran centros de producción y conservaciónalimentaria: fabricaban queso, vino, cerveza y pan, y sus cocinas eran a menudo las más sofisticadas de la región. El arte monástico refleja esa tensión entre la mortificación del cuerpo y el sustento necesario para la vida y el trabajo. 

Al-Ándalus: la otra mesa medieval en la Península 

Sería incompleto hablar del arte medieval en España sin mencionar Al-Ándalus. Durante los siglos en que buena parte de la Península estuvo bajo dominioislámico, se desarrolló en ciudades como Córdoba, Sevilla, Toledo y Granada una cultura gastronómica y artística de una sofisticación extraordinaria. 

El arte islámico, por sus principios doctrinales, no representa figuras humanas en contextos religiosos, lo que limita las escenas de banquete o cocina en ese sentido. Sin embargo, la cerámica, los objetos de uso doméstico y los textos de la época compensan esa ausencia: el Manuscrito anónimo de cocina andalusí del siglo XIII y el tratado de cocina de Ibn Razin al-Tujibi —el Fudalat al-jiwan, escrito en Murcia en el siglo XIII— son documentos gastronómicos de primer ordenque muestran la riqueza y la influencia de la cocina andalusí. 

Esa influencia se ve también en el arte de los reinos cristianos del norte: los tejidos, las cerámicas y los objetos decorativos del arte mudéjar mezclan formas islámicas y cristianas en una síntesis que es uno de los rasgos más originales del arte medieval hispánico. La comida, que cruzaba fronteras religiosas a través del comercio y los intercambios culturales, dejó su huella en un arte que tampoco conocía fronteras estrictas. 

Lo que el arte medieval dice sobre la comida 

El arte medieval no mira la comida con los ojos del gourmet ni del naturalista. La mira con los ojos del teólogo, del campesino y del señor feudal. La comida es siempre algo más que comida: es salvación o condena, es deber o pecado, es orden o caos. 

Y sin embargo, en medio de todo ese peso simbólico, aparece a veces una mirada directa y tierna sobre el placer de comer. Los glotones esculpidos en los capitelesrománicos, los cocineros ilustrados en los márgenes de los manuscritos, los campesinos bebiendo vino en las miniaturas de los libros de horas: la Edad Media sabía que comer era también una alegría, aunque hubiera que disimularlo un poco. 

Obras y lugares de referencia 

  • Catacumbas de San Calisto, Roma — pinturas con el símbolo del pez y escenas de la multiplicación de los panes, ss. II–IV d.C. 
  • Beato de Gerona (975 d.C.) — Museo de la Catedral de Gerona, una de las cumbres de la iluminación mozárabe española 
  • Beato de Facundus (1047 d.C.) — Biblioteca Nacional de España, Madrid 
  • Beato de las Huelgas (h. 1220 d.C.) — The Morgan Library, Nueva York 
  • Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago de Compostela — esculturas con escenas de los trabajos de los meses 
  • Claustro de Santo Domingo de Silos, Burgos — capiteles románicos con escenas de la vida cotidiana y agrícola 
  • Tapiz de la Creación, Catedral de Gerona (s. XII) — escenas del calendario agrícola y los trabajos de los meses 
  • Manuscrito anónimo de cocina andalusí (s. XIII) — documento gastronómico fundamental de Al-Ándalus, conservado en parte en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial 

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