Sodio

El sodio atrae mucha atención negativa, tanta que, por desgracia, la gente se olvida de que está clasificado como un mineral importante.

Es cierto que, con el tiempo, el exceso de sodio conduce a un mayor riesgo de enfermedad cardíaca, accidentes cerebrovasculares, hipertensión arterial, desarrollo de cálculos renales, y otros tipos de dolencias. Aun así, nuestros organismos necesita un poco más de 100 miligramos diarios para funcionar correctamente, pero la mayoría de las personas consumen mucho más de lo necesario. Por suerte, el cuerpo humano suele ser capaz de eliminar el exceso.

El sodio es un electrolito lo que significa que, junto con el cloruro y el ion potasio, ayuda a controlar la carga eléctrica que se produce entre las células. Las células utilizan esta carga eléctrica para comunicarse entre sí. El impulso eléctrico es también lo que da a nuestros cinco sentidos la capacidad de ver, oler, tocar, oír y saborear.

Aproximadamente el 30% del sodio corporal se almacena en los huesos, y el resto se encuentra en los fluidos corporales. El sodio es un componente principal del plasma sanguíneo y el 60%, aproximadamente, se encuentra en los fluidos que se encuentran alrededor de las células. Alrededor del 10% del sodio del cuerpo se almacena en el interior de las células. Esta división ayuda a mantener el equilibrio de agua dentro y fuera de estas células.

Su presencia en el sistema circulatorio ayuda al cuerpo a mantener la presión arterial y el volumen total de flujo de sangre dentro de límites normales. El sodio ayuda a evitar que la sangre se coagule, lo cual puede ser una situación muy peligrosa. En la sangre, el sodio, junto con el potasio, ayuda a mantener el delicado equilibrio del pH de sanguíneo. El sodio también ayuda a transportar nutrientes importantes para las células.

En el sistema digestivo, el sodio ayuda en el proceso de metabolizar los alimentos para convertirlos en energía. También protege el revestimiento del estómago y evita  que los ácidos estomacales lo quemen.

Muchos alimentos contienen sodio de forma natural, por ejemplo la carne, incluyendo la de ave, los huevos, nueces, mariscos, pescado, zanahorias, remolacha, alcachofas, coliflor, apio e incluso la leche leche. Pero son los alimentos procesados y las conservas son los que tienen las cantidades más altas de sodio. Las patatas fritas y galletas saladas, los perritos calientes, jamón y tocino, salsas de tomate, ketchup de tomate, carnes frías y sopas enlatadas son algunos ejemplos.

El sodio se ingiere en forma de cloruro sódico, o sal común. Dado que muchos de los alimentos que comemos ya contienen sal, no es necesario añadir más antes de su consumo.

la sal aporta sodio