Yodo

El yodo es un oligoelemento, lo que significa que nuestro organismo necesita cantidades muy pequeñas para funcionar, aunque es un componente importante de muchas de sus funciones. De hecho, se cree que el yodo es un mineral tan importante que incluso la recomendación de añadirlo a la sal de mesa, para asegurar que todo el mundo recibe un suplemento adecuado, es un tema legal en algunos países.

El 75% del yodo ingerido con la dieta pasa a la glándula tiroides. Una vez allí, el yodo se une a dos importantes hormonas producidas por la glándula tiroides: triyodotironina y tiroxina. Estas hormonas afectan a todo el organismo y juegan un papel clave en su capacidad para producir energía. Estas hormonas controlan y regulan las tasas metabólicas basales. En otras palabras, determinan la rapidez y la eficacia con que el organismo es capaz de quemar calorías.


Las hormonas tiroideas también ayudan a controlar la velocidad de crecimiento de los niños, incluyendo su desarrollo mental. Las mujeres embarazadas que no reciben suficiente yodo tienen un riesgo incrementado de que sus bebés recién nacidos sufran algún grado de retraso mental.

El yodo es un antiséptico efectivo. Se ha usado abundantemente para prevenir infecciones en heridas pequeñas y cortes. Además de ayudar a limpiar y curar heridas, cambiará el color de la piel.

El yodo también se utiliza para diluir las secreciones que se acumulan en los pulmones en algunos pacientes, facilitando su eliminación.

Los individuos con sensibilidad de yodo pueden experimentar problemas de la piel tales como erupciones o úlceras en la membrana mucosa. También pueden tener fiebre y una inflamación en el cuello.

Cantidades recomendadas

La cantidad diaria recomendada para adultos es de 150 mg/día. Las mujeres embarazadas o que están amamantando necesitarán un poco más, 157 mg/día y 200 mg/día, respectivamente.

El yodo se añade frecuentemente a la sal de mesa, así que conviene comprobar que tipo de sal estamos usando. Se puede obtener la cantidad diaria recomendada con sólo una cucharadita al día de sal yodada – unos 5 gr de sal y esta es también la cantidad máxima recomendada de sal al día, así que debe distribuirse entre todas las comidas. El yodo está presente en el pescado y, sobre todo, el marisco y algas marinas. Las frutas y verduras que se cultivan en las regiones costeras son también una buenas fuente de yodo. Los alimentos procesados no lo son, ya que normalmente no se hacen con la sal yodada.

La deficiencia de yodo

Puesto que el yodo es un elemento esencial en las hormonas que controlan la producción de energía, los síntomas más notables de una deficiencia incluyen letargo, cansancio, lentitud de reflejos, y un metabolismo lento. La piel puede volverse seca y la voz ronca. Puede aumentar la cantidad de grasas en el flujo sanguíneo, y, por esta razón, la obesidad es uno de los síntomas de deficiencia de yodo. Si la deficiencia continúa durante mucho tiempo, la glándula tiroides puede incrementar su tamaño creando un lo que se conoce como bocio. El bocio se desarrolla cuando la glándula tiroides se ve obligada a trabajar intensivamente para producir niveles adecuados de tiroxina. Los bocios normalmente aparecen como un bulto en el cuello. En los niños, una deficiencia de yodo puede causar retraso mental. Afortunadamente, este tipo de deficiencia es rara en los países desarrollados.