El Día del Padre

Servir el desayuno en la cama es tradicional en algunas familias en el Día del Padre o de la Madre.

Padre (medio dormido) - ¡Hmmmmm! ¿Qué pasa? ¿Qué día es?

Hijos (sumamente excitados) - ¡Es el Día del Padre! ¡Despierta! Te traemos el desayuno.

No sé cuántas veces mis hermanos y yo despertamos a mi padre a horas intempestivas para servirle un desayuno completo con huevos revueltos poco cocidos, tostadas quemadas, cereales blanduchos, y leche de color púrpura. No es sorprendente que mi madre se levantara corriendo a hacer café cada vez.

Recuerdo muchos días como ese, saltando sobre la cama de mis padres, tratando de despertarlos antes de que mis hermanos menores trajeran nuestra versión de un desayuno completo. Puede que no fuera completamente comestible, pero mi padre era un verdadero deportista y se lo tragaba todo con una sonrisa. Incluso cuando preparé unas tortitas que parecían goma elástica, y nadie fué capaz de comérselas, ni siquiera yo, él si lo hizo. Aunque creo que fue poco después de ese incidente cuando me regaló mi primer libro de cocina.

¿Cuántos Días del Padre cómo esos puede uno sobrevivir? Por muy amante de sus hijos que sea.

El primer Día del Padre después de que comencé a adquirir nuevas habilidades culinarias fue mucho más tolerable. Perfeccioné los huevos revueltos, y aprendí a freír filetes de cinta de lomo o chuletas de desayuno, pues a papá no le gustaba mucho el tocino. Puse a mis hermanos a cargo de los bollos salados, más fáciles de hacer que el pudding de Yorkshire o que freír patatas, verter la masa en los moldes y supervisar, y a preparar la bandeja. Eso lo hacían muy bien.

Mejoré con el paso de los años, e hice desayunos más abundantes y más complicados. Sin embargo, cuando tuve hijos míos y un marido a quien despertaban a horas intempestivas saltando arriba y abajo en la cama para servirle el desayuno, decidí reunir algunas recetas simples que los niños pudieran preparar y enseñarles a cocinar. También me preocupo de mimarlo durante el resto del día y ayudo con las comidas. Mis hijos no se limitan a preparar el desayuno.

Para la comida, solemos preparar un buen filete, bien sazonado, con patatas asadas y sus verduras favoritas al vapor. Es fácil y es todo lo que un hombre necesita. Para la cena, hacemos bocadillos, probablemente los más grandes que nadie haya visto jamás, con todo tipo de ingredientes. Después nos sentamos y disfrutamos de un terciopelo negro mientras vigilamos que los niños no quemen la casa mientras hacen el postre, que suele ser, hasta la fecha,  galletas con chocolate, galletas de avena o brownies.

Cuando se trata de días del padre, merece la pena enseñarles a preparar algunos dulces simples y despedirse de las galletas que se doblan de blandas y a la leche a temperatura ambiente. Merece la pena recordar que también hay un Día de la Madre.

Y a ti, papá, gracias por ese libro de cocina y por todos los años de probar mis recetas ¿Quíen hubiera dicho entonces que sería capaz de ganarme la vida con mis habilidades culinarias?

¡Feliz Día del Padre!