El huerto

Hay un interés creciente por ver crecer verduras y hortalizas, valga la redundancia.

Es perfectamente posible disfrutar de este placer aunque solo se cultiven en una lata vacía en la ventana de la cocina. Entre un huerto tradicional, un huerto urbano, tiestos o hidroponía, seguramente hay un método adecuado para todos.

Jardinería comestible para todos

Un huerto donde se cultivan hierbas, verduras y hortalizas tiene todo tipo de aspectos positivos. Es divertido, es una buena forma de hacer ejercicio de aire libre y, no menos importante, el resultado es una comida sabrosa y saludable. Pero nada sale gratis. Requiere esfuerzo.

Una cierta  planificación antes de crear el huerto es imprescindible. Difícil sería encontrar un tipo de cultivo que sólo requiera arrojar unas cuantas semillas al suelo y volver unos pocos meses después a recoger la cosecha. No sólo sería un cultivo poco común, sino que las circunstancias también serían inusuales pues es prácticamente imposible que el clima sea perfecto durante todo ese tiempo. Establecer la ubicación y el tamaño adecuados para el huerto, preparar el suelo y el abono son solo algunas de las actividades que se deben realizar antes de plantar una semilla.

Debe fertilizarse el suelo antes de que se siembren las semillas y mientras crecen. Qué tipo de abono y cuánta cantidad depende de la especie que se planta, el tipo de suelo y otros factores. Hay una gran variedad de opciones y en cada caso las instrucciones deben seguirse cuidadosamente. Echar demasiado fertilizante quema las plantas. Usar el tipo incorrecto de abono matará a la planta con más frecuencia que si no se le añade ningún abono.

También se debe escoger si se desea utilizar métodos de cultivo estrictamente biológicos o si se va a depender de ayudas modernas. No es que esos dos métodos sean necesariamente opuestos. Cada vez es más difícil diferenciarlos. Las técnicas de cultivo biológico tradicionales han sido modificadas por la ciencia moderna. La ciencia moderna ha avanzado lo suficiente como para ver la sabiduría de incorporar muchos compuestos y procesos naturales para producir el mejor resultado. Dedicarse al cultivo biológico puede ahorrar dinero.

Otra cosa que se debe hacer antes de empezar, es investigar qué plantas sembrar. El gusto personal juega un papel importante, por supuesto. Algunas personas no soportan el brócoli y a otras no les  gusta la cebolla. Pero el suelo y el clima tendrán mucho más que decir sobre el éxito del huerto que el hecho de que a un niño al que no le gusten las espinacas.

Los tomates, por ejemplo, son una magnífica hortaliza. Sabrosos, versátiles y muy saludables. Pero necesitan mucho sol y la mayoría de las variedades son muy sensibles a las heladas. Plantar tomates para luego ver nuestros esfuerzos arruinados por un gusano, un virus o unos días más fríos de lo normal es una desilusión que nadie se merece.

Ya sea que la intención sea cultivar un huerto interior o exterior, una cosecha variada en una gran parcela de tierra o cultivar unas pocas hortalizas en contenedores pequeños, la horticultura brinda muchas recompensas. Sólo hace falta un modesto esfuerzo para obtenerlas.

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