Recetas con cerdo
Cerdo asado a la francesa
Esta versión afrancesada del lomo de cerdo se asa siempre sin corteza, sobre un lecho de hierbas y ajo, con un fondo de vino y agua bajo la rejilla que crea una atmósfera húmeda sin que la carne llegue a tocar el líquido directamente. Se emplea el corte más fino del lomo, el más cercano al cuello, y se deja con hueso, a diferencia de la mayoría de asados franceses, que suelen ir deshuesados.
Asado de carne de cerdo adobada
Esta carne de cerdo adobada es una receta pensada para ocasiones especiales. La maceración de varios días con vino, vinagre y hortalizas aromatiza la carne hasta el hueso y, de paso, actúa como conservante natural, así que la pieza aguanta perfectamente esos días en la nevera sin ningún problema, y es precisamente lo que permite una maceración tan larga. El resultado es un asado con mucho carácter, que también está delicioso frío, servido en lonchas finas al día siguiente.
Costillas de cerdo adobadas
Las costillas de cerdo no son un corte de primera categoría, pero con un buen adobo seco y una cocción larga se convierten en un asado familiar de lo más agradecido. Aquí el adobo no es líquido, sino una mezcla de especias que se frota directamente sobre la carne y se deja reposar un día entero en la nevera, dando tiempo a que el sabor penetre bien antes de asarlas. El resultado es una carne muy aromática que pide acompañamientos suaves que no compitan con ella, como un puré de patatas.
Paletilla de cerdo asada con relleno de piñones
Esta paletilla rellena es un asado con mucha más presencia que su versión sin rellenar, y no requiere ninguna técnica que no hayamos explicado ya: se trata de deshuesar la pieza, rellenarla con el relleno de piñones y enrollarla, siguiendo la técnica que contamos en cerdo asado. El carnicero puede encargarse de deshuesarla si se le pide con antelación, dejando la carne lista para extender y rellenar.
Relleno de pasas y piñones
Este relleno combina carne de cerdo con frutos secos, fruta pasa y un poco de jerez, algo clásico de la cocina festiva que funciona igual de bien dentro de una pieza de cerdo deshuesada que cocinado aparte, en forma de rulo, bajo el propio asado. La grasa que suelta la carne mientras se hace en el horno cae sobre el relleno y lo va dorando, así que el resultado sabe a mucho más que la suma de sus ingredientes. También sirve para rellenar un pavo o un ganso pequeño, si se prefiere darle ese uso.
Montaditos de lomo
Este pequeño bocadillo es la estrella indiscutible de las barras de tapas. Para lograr un montadito impactante, la calidad del pan y del aceite es tan importante como la de la carne.
Hornazo
El hornazo es una elaboración tradicional española, parecida a una empanada o bollo salado horneado. Se hace con masa de pan o masa enriquecida y se rellena normalmente de embutidos y carnes de cerdo, como chorizo, lomo o jamón. Según la zona, también puede llevar huevo duro.
Cocido gallego
El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.
La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.
Cocido gallego
El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.
La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.
Pozole verde
El pozole verde debe su color y sabor a una salsa fresca y compleja elaborada con tomatillos, chiles verdes, cilantro, epazote y, el ingrediente secreto, pipas de calabaza. Esta combinación crea un caldo espeso, ligeramente ácido y profundamente aromático que envuelve los grandes granos de maíz pozolero y la tierna carne de cerdo.
Pozole rojo
El pozole rojo es quizás la variante más conocida de este plato. Su color vibrante proviene de una mezcla de chiles secos que, lejos de hacerlo insoportablemente picante, le dan un sabor ahumado, complejo y reconfortante.
Pozole blanco
Los protagonistas del pozole blanco son el maíz y el caldo limpio, profundo y reconfortante. La magia ocurre en la mesa, cuando los comensales añaden a su plato una variedad de guarniciones frescas y salsas picantes.