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otoño

Alimentos, recetas y técnicas culinarias propias de la temporada otoñal.

Patatas guisadas con rabo de toro

Un guiso de cazuela de los de antes, sin prisa y con cuchara. El rabo de toro es una pieza llena de colágeno que necesita horas de fuego suave para entregarse, pero cuando lo hace la carne se desprende sola del hueso y deja un caldo denso y brillante que ninguna otra pieza consigue igualar. Las patatas se añaden al final y se cuecen en ese caldo, hasta quedar melosas y teñidas de pimentón. Es un plato de invierno, de esos que se preparan la víspera y saben mejor al día siguiente.

Patatas guisadas (receta básica)

Las patatas guisadas han sido durante generaciones la comida diaria en buena parte de los hogares. Un plato único, sabroso y reconfortante, hecho sin prisas en cazuela o puchero de barro. Esta es la versión básica, la que sirve de punto de partida para todas las demás. Se hace con un poco de carne de vaca, pero admite casi cualquier acompañamiento, ya sean costillas, chorizo, despojos, albóndigas, legumbres, arroz, verduras o setas, siguiendo exactamente el mismo proceso.

Risotto de calabaza y puerro

Un risotto de otoño en el que la calabaza trabaja por partida doble: una parte se deshace en el arroz hasta teñirlo de naranja y darle una cremosidad natural, y la otra se asa aparte para conservar el mordisco y unos bordes caramelizados. El puerro aporta un dulzor más suave y vegetal que el de la cebolla, y un buen chorro de vino blanco seco pone el contrapunto ácido que impide que el plato resulte empalagoso. Es de esas recetas que piden estar veinte minutos junto a la cazuela removiendo, pero el resultado compensa con creces.

Calabaza y lentejas guisadas

Un guiso de cuchara sin carne que gana con las horas: si se prepara la víspera, al día siguiente está mejor. La calabaza se asa aparte, a horno fuerte, para que caramelice por los bordes y no se deshaga dentro del caldo; mientras tanto se hace un sofrito lento de cebolla, apio, ajo y tomates secos que da al guiso un fondo dulce y salado a la vez. Las lentejas aportan cuerpo, el kale negro un punto amargo que equilibra, y el cilantro molido un aroma cálido que recuerda a las cocinas del Mediterráneo oriental. Se sirve en cuenco hondo, con pan al lado.

Zanahorias con jamón

Las zanahorias se cuecen despacio con un poco de jamón y harina, hasta quedar tiernas y bañadas en una salsa ligera y sabrosa. Es una guarnición lucida o un primer plato suave, ideal para una comida familiar en la que conviven adultos y niños. 

Migas

Las migas ordinarias surgieron como una solución inteligente y humilde para dar salida al pan duro. La sencillez de una cocina de aprovechamiento puede dar lugar a un plato realmente sabroso.

Puré de guisantes secos

El puré de guisantes es un plato tradicional, de esos que demuestran cómo unos pocos ingredientes sencillos pueden transformarse en una comida extraordinaria, llena de color vibrante y texturas aterciopeladas. Las legumbres son un tesoro y este plato es una forma deliciosa de incorporarlas a nuestra dieta semanal.

Huevos trufados sobre parmentier

Una receta que es pura elegancia, pero sorprendentemente fácil de ejecutar. No necesita grandes técnicas ni utensilios sofisticados, solamente respeto por el producto. 

El secreto de este plato no está en la cocción, sino en la paciencia: trufar los huevos antes de cocinarlos permite que el aroma penetre a través de la cáscara porosa, impregnando la yema de matices a bosque húmedo, avellana y tierra mojada sin necesidad de gastar una gran cantidad de trufa. Es una forma sostenible y eficiente de disfrutar de este ingrediente tan preciado.

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