Abalá
Masa de malanga mezclada con sal y aceite de palma, envuelta en hojas de plátano y cocida. Su textura es densa pero suave, y su sabor es inconfundible gracias a la mezcla del dulzor terroso de la malanga con el toque ahumado y profundo del aceite de palma rojo sin refinar. Al cocerse envuelto en hojas de plátano, adquiere un aroma herbal delicioso. Es una guarnición ideal para guisos potentes.
Ingredientes
Instrucciones
Si usamos hojas de plátano frescas, primero las lavamos bien y las pasamos rápidamente por el fuego de la cocina (o las sumergimos en agua hirviendo unos segundos). Esto las ablandará y evitará que se rompan al doblarlas. Luego, las cortamos en rectángulos medianos (de unos 20x25 cm).
Rallamos las malangas crudas utilizando la parte más fina del rallador. El resultado debe ser parecido a una pasta.
En un cuenco grande, volcamos nuestra pasta de malanga. Añadimos la sal y el aceite de palma rojo. Mezclamos todo vigorosamente con una cuchara de madera hasta que el aceite se integre por completo y la masa adquiera un color anaranjado uniforme.
Colocamos dos hojas de plátano superpuestas (en forma de cruz o una sobre otra para reforzar). Ponemos un par de cucharadas grandes de nuestra masa en el centro. Doblamos los extremos de las hojas hacia el centro creando un paquete rectangular y bien cerrado. Lo atamos con cordel de cocina para asegurar que no se abra durante la cocción.
En una olla grande, colocamos una rejilla para cocinar al vapor (o algunos restos de hojas de plátano en el fondo con un poco de agua, para que los paquetes no toquen directamente el fondo). Colocamos nuestros abalás, tapamos la olla y cocinamos a fuego medio durante unos 45 a 60 minutos. Sabremos que están listos cuando al tocar el paquete se sienta firme.
Retiramos la olla del fuego y los dejamos reposar los paquetes unos minutos antes de abrirlos. Hay que tener cuidado con el vapor al desenvolverlos.
Notas
El objetivo al rallar la malanga es obtener una pasta o puré bastante fino, no hebras sueltas.
Si notamos que la masa está excesivamente espesa o dura al mezclarla con el aceite de palma, podemos añadir un chorrito de agua tibia.
El abalá se sirve caliente, recién desenvuelto. Es el acompañante ideal para absorber caldos densos, como un buen estofado de ternera, un guiso de pollo en salsa de cacahuete, o el tradicional pepesup de pescado. También es delicioso comerlo solo, apreciando el sabor puro del aceite de palma.
Variaciones
Algunos cocineros rallan media cebolla junto con la malanga para aportar un extra de jugosidad y sabor a la base.
Desmenuzar un poco de pescado seco ahumado e integrarlo en la masa le da una profundidad de sabor espectacular al abalá.
Quienes prefieran lo picante, pueden picar muy fino un chile o guindilla (como el chile habanero) y añadirlo a la masa.
Origen
Este plato recuerda a los tamales mexicanos.