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Nivel medio

La técnica conlleva cierta dificultad, o se tarda en preparar el plato, aunque la técnica sea sencilla.

Salsa de palmiste con pollo

Un guiso tradicional que destaca por su riqueza aromática y su textura inconfundible. La base de esta elaboración es el extracto de la nuez de palma, un ingrediente que aporta una consistencia aterciopelada y un color rojizo muy característico, similar al de las salsas más elaboradas de la alta cocina.

Bambucha

Un guiso espeso y reconfortante, cuyos ingredientes estrella son las hojas de yuca y la pulpa de la fruta de la palma (o dátil de palma), que le confiere un color rojizo inconfundible y un sabor profundo y ligeramente dulce.

Cardo salteado

Nos olvidamos de salsas complejas para centrarnos en el producto. Tras una cocción cuidadosa para ablandar su textura y domar su ligero amargor, lo terminamos en la sartén con unos ajos dorados que impregnan cada bocado con su aroma. Es una receta que honra la tradición, un plato que demuestra que la elegancia a menudo reside en la simplicidad.

Cocido gallego

El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.

La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.

Croquetas de atún

Las croquetas de atún salvan cualquier cena improvisada. A diferencia de las de jamón o cocido, que requieren tener sobras previas, estas croquetas tiran de fondo de despensa. Una simple lata de atún (o bonito) se convierte en la protagonista de una bechamel suave.

Repollo relleno de bechamel

Las hojas tiernas del repollo envuelven un relleno cremoso de bechamel y jamón, todo ello gratinado al horno hasta alcanzar la perfección. Es un plato económico, nutritivo y perfecto para los días más fríos, cuando el cuerpo pide comida con sustancia y sabor. Además, es una forma deliciosa de disfrutar de las verduras de invierno de una manera diferente y creativa.

Pozole verde

El pozole verde debe su color y sabor a una salsa fresca y compleja elaborada con tomatillos, chiles verdes, cilantro, epazote y, el ingrediente secreto, pipas de calabaza. Esta combinación crea un caldo espeso, ligeramente ácido y profundamente aromático que envuelve los grandes granos de maíz pozolero y la tierna carne de cerdo.

Pozole rojo

El pozole rojo es quizás la variante más conocida de este plato. Su color vibrante proviene de una mezcla de chiles secos que, lejos de hacerlo insoportablemente picante, le dan un sabor ahumado, complejo y reconfortante.

Pozole blanco

Los protagonistas del pozole blanco son el maíz y el caldo limpio, profundo y reconfortante. La magia ocurre en la mesa, cuando los comensales añaden a su plato una variedad de guarniciones frescas y salsas picantes.

Chilpozonte

El chilpozonte es una especie de mole de olla pero más ligero, con una personalidad ahumada inconfundible gracias a los chiles secos y un notas profundas de hierba que le da el epazote. 

Para hacer chilpozonte se prepara primero el caldo y, mientras el caldo se hace, la salsa ahumada y los chochoyotes. Después se cuece el chayote y la salsa con el caldo, par terminar añadiendo las verduras y los chochoyotes.

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