Carpaccio de fresas con queso fresco
Este carpaccio de fresas con queso fresco demuestra que no hace falta complicarse en los fogones para lograr un plato sofisticado. Aúna la técnica italiana del corte fino con el carácter del queso y el color vibrante de las fresas.
Ingredientes
Instrucciones
Elegimos una fuente amplia o platos individuales llanos. Colocamos las láminas de fresa superponiéndolas ligeramente, cubriendo toda la superficie del plato, formando un mosaico rojo continuo y brillante.
Desmigamos el queso fresco con las manos, repartiéndolo de manera irregular sobre el manto de fresas. Buscamos pequeños trozos que ofrezcan un bocado cremoso, alternándose con la fruta.
En un cuenco pequeño, mezclamos el aceite de oliva virgen extra con el vinagre balsámico o el limón. Repartimos este aliño sobre el carpaccio con la ayuda de una cuchara.
Terminamos esparciendo los frutos secos, las hojas frescas de menta o albahaca, unas escamas de sal crujiente y una vuelta de molinillo de pimienta negra.
Si lo servimos como un entrante frío, debemos potenciar el perfil salado. Añadimos unas gotas más de vinagre balsámico, siendo generosos con la pimienta negra y lo acompañamos con unas tostadas finas. Resulta un aperitivo refrescante y original antes de un plato principal contundente.
Si lo llevamos a la mesa como un postre ligero, suavizamos el aliño. Sustituimos el vinagre por unas gotas de zumo de naranja, omitimos la pimienta y usamos menta o hierbabuena en vez de albahaca. El queso fresco natural sin sal añadida actuará como un hilo conductor cremoso, creando un postre comida digestivo, apetitoso y con un sabor natural.
Notas
Cortar una fruta en láminas finas cambia por completo la forma en la que la percibimos en boca. La textura se vuelve más delicada, el jugo se libera de inmediato y el sabor se abre paso con mayor facilidad.
Para conseguir láminas finas, se necesita un cuchillo muy afilado o una mandolina. Las fresas se cortan a lo largo, buscando un grosor de unos dos o tres milímetros. Se descartan los recortes irregulares de los extremos, que se pueden guardar para triturar en un batido o un gazpacho.
Las fresas se cortan mejor si se mantienen en la nevera hasta el último momento.
El perfil del plato cambia drásticamente según el queso que se utilice.
- Queso de cabra fresco: Aporta una acidez láctica y un carácter rústico que contrasta de maravilla con el dulzor de la fresa.
- Requesón o ricotta: Ofrece una textura granulosa y un sabor mucho más suave y neutro.
- Mozzarella de búfala o burrata: Suma una cremosidad untuosa y elegante, ideal para presentaciones más sofisticadas.