Recetas con harina
Pastel de carne guisada con costra de queso y mostaza
Una forma de convertir las sobras de un guiso en un plato nuevo que no lo parece. La carne guisada del día anterior se coloca en una fuente honda y se cubre con unos bollitos de masa tipo scone, hechos con queso curado y mostaza, que se hornean directamente encima: por debajo absorben el jugo del guiso y quedan esponjosos, y por arriba se doran y forman una costra firme. En Gran Bretaña este cruce entre guiso y bollo se llama cobbler, y resuelve lo que un pastel de hojaldre no siempre consigue, que es aguantar el vapor del relleno sin reblandecerse. Merece la pena guisar el doble de carne un domingo pensando en esto: el trabajo está hecho y el pastel se monta en veinte minutos.
Falda con salsa de rábano picante
La falda de vaca, un corte barato y de mucho sabor, se enrolla, se ata y se asa en bolsa de horno hasta que queda tierna y jugosa. Se sirve con una salsa fría de rábano picante, nata montada, limón y mostaza, que le da el toque picante. Es una forma sencilla de aprovechar un corte económico, y la carne sobrante, fría y en lonchas, sale muy bien en bocadillo.
Lomo de cerdo con repollo
Lomo de cerdo asado cubierto, que queda tierno y jugoso, servido sobre un lecho de repollo rehogado con cebolla, manzana y limón, y adornado con huevo duro. El repollo gana mucho en sabor con la manzana y el limón, y toma el jugo de la carne. Es un plato muy adecuado para una comida con invitados.
Asado de carne de cerdo adobada
Esta carne de cerdo adobada es una receta pensada para ocasiones especiales. La maceración de varios días con vino, vinagre y hortalizas aromatiza la carne hasta el hueso y, de paso, actúa como conservante natural, así que la pieza aguanta perfectamente esos días en la nevera sin ningún problema, y es precisamente lo que permite una maceración tan larga. El resultado es un asado con mucho carácter, que también está delicioso frío, servido en lonchas finas al día siguiente.
Costillas de cerdo adobadas
Las costillas de cerdo no son un corte de primera categoría, pero con un buen adobo seco y una cocción larga se convierten en un asado familiar de lo más agradecido. Aquí el adobo no es líquido, sino una mezcla de especias que se frota directamente sobre la carne y se deja reposar un día entero en la nevera, dando tiempo a que el sabor penetre bien antes de asarlas. El resultado es una carne muy aromática que pide acompañamientos suaves que no compitan con ella, como un puré de patatas.
Paletilla de cerdo asada con relleno de piñones
Esta paletilla rellena es un asado con mucha más presencia que su versión sin rellenar, y no requiere ninguna técnica que no hayamos explicado ya: se trata de deshuesar la pieza, rellenarla con el relleno de piñones y enrollarla, siguiendo la técnica que contamos en cerdo asado. El carnicero puede encargarse de deshuesarla si se le pide con antelación, dejando la carne lista para extender y rellenar.
Patatas guisadas con rabo de toro
Un guiso de cazuela de los de antes, sin prisa y con cuchara. El rabo de toro es una pieza llena de colágeno que necesita horas de fuego suave para entregarse, pero cuando lo hace la carne se desprende sola del hueso y deja un caldo denso y brillante que ninguna otra pieza consigue igualar. Las patatas se añaden al final y se cuecen en ese caldo, hasta quedar melosas y teñidas de pimentón. Es un plato de invierno, de esos que se preparan la víspera y saben mejor al día siguiente.
Patatas guisadas (receta básica)
Las patatas guisadas han sido durante generaciones la comida diaria en buena parte de los hogares. Un plato único, sabroso y reconfortante, hecho sin prisas en cazuela o puchero de barro. Esta es la versión básica, la que sirve de punto de partida para todas las demás. Se hace con un poco de carne de vaca, pero admite casi cualquier acompañamiento, ya sean costillas, chorizo, despojos, albóndigas, legumbres, arroz, verduras o setas, siguiendo exactamente el mismo proceso. Lo que no cambia nunca son tres gestos: rehogar bien la patata antes de mojarla, cascarla en lugar de cortarla y majar el ajo con perejil y comino. De ahí sale el caldo espeso y perfumado que define el guiso.
Bacalao en sartén con cebolla y lima
Los lomos de bacalao en sartén con cebolla y zumo de lima son un plato ligero y muy fácil. El pescado se pasa por harina y se dora en la sartén. Después llega la cebolla y un buen chorro de lima. Todo se hace junto, tapado, hasta quedar jugoso y aromático. El resultado es fino, cítrico y lleno de sabor. Es una receta perfecta para el día a día. Se prepara en poco tiempo y no necesita muchos ingredientes.
Bolitas de patata para sopas y guisos
Estas bolitas de patata son pequeñas albóndigas cocidas pensadas para flotar en un buen caldo, recuerdan a buñuelos hervidos. En lugar de freírse, se cuecen directamente en el líquido caliente, donde se hinchan ligeramente y absorben todo el sabor del caldo. El resultado es una guarnición tierna y sabrosa que convierte una sopa sencilla en un plato reconfortante y completo, con ese punto saciante que aporta la patata.
Acompañadas de unas setas y servidas en su propio caldo de verduras, se convierten en un primer plato humilde pero lleno de matices.
Jarrete de ternera guisado
El jarrete de ternera guisado es un plato principal contundente, jugoso y aromático, de los que llenan la cocina de aromas que abren el apetito y reúnen a la familia alrededor de la mesa. La pieza, dorada primero a fuego vivo y luego cocida lentamente en un caldo perfumado con verduras y vino, se vuelve tan tierna que la carne se desprende del hueso con solo rozarla. Es un guiso tradicional.
Filete de ternera empanado al estilo vienés
El Wiener Schnitzel es uno de los platos más emblemáticos de la cocina austriaca: un fino filete de ternera empanado y frito hasta lograr una costra dorada, ligera y crujiente. Su encanto está en el contraste entre ese rebozado aireado, casi hojaldrado, y la carne tierna y jugosa del interior. Es un plato principal contundente pero elegante, que se sirve tradicionalmente con un gajo de limón y un acompañamiento sencillo, como una ensalada fresca o una ensalada de patata.
Aunque parece un plato sencillo, la clave de un buen filete empanado al estilo vienés está en los detalles: carne bien fina, un empanado ligero y una fritura en grasa abundante y caliente que haga que el rebozado se hinche y se despegue ligeramente de la carne.