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Peras al vino tinto

Un clásico de las regiones vinícolas de Europa: peras enteras, firmes, escalfadas suavemente en vino tinto con especias hasta tomar un color rojo profundo y una textura tierna que mantiene la forma. Postre invernal por excelencia, elegante y sencillo, que se prepara con antelación y mejora al reposar en su propio jarabe.

Ingredientes

4 peras (firmes, de tamaño mediano (conference, blanquilla o williams))
750 mililitros vino tinto (con cuerpo (una botella entera))
150 gramos azúcar
1 rama canela
2 clavos (de olor)
1 limón (una tira de piel, solo la parte amarilla)
1 naranja (una tira de piel, solo la parte naranja)
1 vainilla (optional, en vaina, abierta)
4 pimienta negra (opcional, pimienta en grano )
Un cazo con peras al vino tinto y sus aromatizantes.

Instrucciones

Pelamos las peras con cuidado, dejando el rabillo intacto como asa decorativa. Cortamos una fina rodaja de la base para que puedan apoyarse de pie en el cazo y, después, al servir, en el plato. Reservamos las peras en agua con un chorro de zumo de limón para que no se oscurezcan mientras preparamos el líquido.

Preparamos el líquido de cocción

En un cazo alto y estrecho (en el que las peras entren juntas de pie), ponemos el vino, el azúcar, la canela, los clavos y las pieles de limón y naranja. Si se usan, añadimos también la vaina de vainilla abierta y los granos de pimienta. Calentamos a fuego medio removiendo con una cuchara de madera hasta que el azúcar se disuelva completamente.

Cocinamos las peras

Introducimos las peras de pie en el cazo. El líquido debe cubrirlas al menos tres cuartas partes; si no llega, podemos tumbarlas de lado y darles la vuelta a mitad de cocción. Llevamos a ebullición suave, bajamos el fuego al mínimo y cocemos las peras tapadas unos 30-40 minutos, hasta que estén tiernas al pincharlas con un cuchillo o una brocheta. El tiempo depende de la madurez y del tamaño: las peras muy firmes pueden necesitar hasta 50 minutos; las más maduras, 25 o 30.

Durante la cocción, giramos las peras una o dos veces para que tomen color de forma uniforme.

Dejamos enfriar en el líquido

Retiramos el cazo del fuego y dejamos que las peras se enfríen completamente dentro del líquido. Este reposo es importante: la pera sigue tomando color y aroma del vino mientras se enfría. Lo ideal es dejarlas de un día para otro en el frigorífico, dentro del propio líquido, para un color intenso y un sabor más profundo.

Reducimos el jarabe y servimos

Antes de servir, sacamos las peras del líquido y las reservamos. Colamos el líquido en un cazo limpio y lo reducimos a fuego medio durante 10-15 minutos, hasta que tenga consistencia de jarabe ligero (debe cubrir el dorso de una cuchara). Lo dejamos enfriar antes de servirlo.

Para servir, colocamos cada pera de pie en un plato de postre o cuenco, bañamos con un par de cucharadas del jarabe reducido y acompañamos con un poco de nata montada, helado de vainilla o mascarpone al lado.

Rendimiento
4 personas
Tiempo de preparación 10 minutos
Tiempo de cocción 50 minutos
Tiempo total
1 hora

Notas

Reposo: al menos 4 horas (idealmente de un día para otro).

El vino no tiene que ser caro, pero sí tener cuerpo y buen color. Un tempranillo joven, un merlot o una garnacha funcionan perfectamente. Los vinos muy ligeros o rosados no dan el color intenso característico del plato.

Las peras tienen que estar firmes. Una pera muy madura se deshará durante la cocción y no mantendrá la forma. La variedad conference es ideal porque es firme y mantiene bien la estructura; la blanquilla y la williams funcionan también si no están pasadas.

El cazo debe ser lo bastante alto y estrecho como para que las peras entren de pie y queden casi cubiertas por el líquido. Si el cazo es ancho y las peras quedan tumbadas, hay que darles la vuelta cada 10 minutos para que se coloreen por todos lados.

Para una presentación muy pulida, se puede dejar las peras enfriando dentro del líquido en una bolsa de congelación cerrada, en el frigorífico. Así quedan completamente sumergidas y toman color uniforme por todas partes.

Las peras al vino tinto se conservan hasta cinco días en el frigorífico dentro de su propio líquido, en un recipiente hermético.

Variaciones

Otras especias. Se pueden añadir otras especias al gusto, o sustituir las recomendadas. El anís estrellado, la pimienta de Jamaica, nuez moscada o clavo van bien.

Al oporto. Sustituye el vino tinto por 500 ml de oporto rojo (ruby). Reduce el azúcar a 100 g porque el oporto ya es dulce. El resultado es más intenso y aromático. Especialmente bueno con queso azul como entrante o acompañamiento.

Al vino blanco con vainilla. Cambia el vino tinto por vino blanco afrutado (un albariño, un verdejo), aumenta la vainilla a una vaina entera y añade el zumo de medio limón. Las peras quedan de color amarillo pálido, con un sabor muy delicado. Variante elegante y menos invernal.

Al Barolo (versión italiana). Clásico piamontés. Se usa vino Barolo o cualquier tinto estructurado del norte de Italia, con las mismas especias. Se puede incorporar al jarabe final una cucharada de licor amaretto para potenciar las notas a frutos secos.

Con chocolate. Al servir, se napan las peras con una salsa caliente de chocolate negro (100 g de chocolate negro fundido con 50 ml de nata líquida). Clásico pera belle Hélène en versión invernal.

Para muchos comensales. Las cantidades se multiplican proporcionalmente. Para cenas numerosas, es una de las mejores opciones de postre porque se prepara con antelación y queda listo esperando en el frigorífico.

Origen

Las peras cocinadas en vino son una preparación clásica de las regiones vinícolas europeas, con versiones documentadas en Francia (sobre todo en Burdeos y Borgoña), Italia (en el Piamonte y la Toscana) y España (en zonas de La Rioja y Cataluña). La idea es muy antigua: aprovechar el vino disponible para transformar peras firmes de otoño e invierno en un postre delicado, de larga conservación y presentación vistosa.

La ciencia detrás del plato explica su éxito: el ácido del vino, combinado con el azúcar, refuerza la pectina natural de la pera, haciendo que mantenga la forma durante la cocción prolongada. Al mismo tiempo, los antocianos (los pigmentos rojos del vino) impregnan la pulpa de la pera, dándole ese color rojo profundo tan característico. Es un ejemplo clásico de la “cocina del aprovechamiento” convertida en postre de alta mesa.


 Fruta cocida

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