Churros
Hay aromas que tienen el poder de activar nuestros recuerdos más felices de forma instantánea. El olor a churros recién hechos, sin duda, uno de ellos. Nos transporta a las ferias de verano, a los desayunos tardíos de domingo o a esa chocolatería de barrio donde el tiempo parece detenerse. Los churros son una de las elaboraciones más humildes y a la vez más exquisitas de nuestra gastronomía: harina, agua y sal transformadas en oro comestible.
Ingredientes
Instrucciones
Comenzamos poniendo el agua en una cazuela al fuego. Añadimos la cucharadita de sal. Es importante que el agua llegue a un hervor fuerte. Nos gusta añadir 1 cucharada de aceite de oliva al agua para enriquecer la masa, aunque la receta canónica de churrería suele ser solo agua y sal.
Cuando el agua esté hirviendo a borbotones, retiramos la cazuela del fuego. De golpe, volcamos toda la harina de una sola vez.
Inmediatamente, comenzamos a remover con energía utilizando una cuchara de madera resistente. Al principio parecerá que no se integra, pero debemos insistir. Mezclamos con fuerza hasta obtener una masa compacta, espesa y pegajosa que se despegue de las paredes del recipiente. No debe quedar ni un solo grumo de harina blanca.
Dejamos templar la masa unos minutos para no quemarnos, pero debemos trabajarla mientras aún está caliente. Introducimos la masa en una churrera.
Si no somos muy hábiles, vamos formando los churros sobre un paño de cocina limpio o una superficie lisa, cortándolos a la medida que más nos guste con unas tijeras o un cuchillo. Si somos expertos, podemos ir formando y cortando los churros sobre el aceite caliente.
Ponemos una sartén honda con abundante aceite al fuego. La temperatura es clave: debe estar muy caliente (unos 190-200 °C), pero no humeante. Echamos los churros por tandas, sin llenar demasiado la sartén para que no baje la temperatura del aceite. Los freímos hasta que estén bien dorados por todos los lados.
Sacamos los churros y los colocamos sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Aún calientes, los pasamos por un plato con azúcar o espolvoreamos por encima, según el gusto de cada uno.
Notas
La magia de los churros reside en la proporción. Se usa lo que en cocina se conoce como "tanto por tanto", es decir, el mismo volumen de agua que de harina, aunque se ajuste ligeramente después según la absorción de la harina.
Se recomienda encarecidamente usar una churrera específica para este fin. La masa de churros es muy densa y, si se usa una manga pastelera convencional, pueden quedar burbujas de aire en el interior. Al freír, ese aire se expande y puede provocar pequeñas explosiones de aceite. La churrera compacta la masa y elimina ese riesgo. Si no hay más remedio que usar manga, hay que asegurarse de que sea de tela muy resistente, usando una boquilla rizada (esto ayuda a que se cocinen bien por dentro) y apretando firmemente, tapando el agujero con la mano, para evitar que queden burbujas de aire.
Si el aceite está frío, el churro se empapará y quedará grasiento; si está demasiado caliente, se quemará por fuera y quedará crudo por dentro.
No hay mejor pareja de baile para unos churros que un chocolate a la taza espeso y oscuro, pero mojarlos en una crema de chocolate y avellanas o dulce de leche también es muy popular.
Variaciones
En vez de añadir 1 cucharada de aceite al agua, se puede incorporar 1 nuez de mantequilla.
El azúcar del rebozado se puede mezclar con una pizca de canela en polvo o incluso vainilla. Le da un toque otoñal delicioso.
Aunque menos comunes, los churros "al natural" (sin el azúcar final) son deliciosos acompañados de jamón serrano o queso curado.