Sopa de verduras en juliana
La sopa de verduras en juliana es un primer plato ligero, sabroso y reconfortante. Un buen caldo de verduras, o de ave, sirve de base para un ramillete de hortalizas cortadas finas —nabo, zanahoria, apio, cebolla y lechuga— que se rehogan primero con mantequilla y aceite, y luego se cuecen despacio hasta quedar tiernas. Rematada con unos picatostes crujientes, es una sopa perfecta para las noches frescas o para abrir una comida familiar. Además, resulta una forma estupenda de aprovechar la mejor verdura de temporada.
Ingredientes
Instrucciones
Pelamos y cortamos el nabo, las zanahorias, el apio, la cebolla y el diente de ajo en juliana fina, es decir, en tiras finas y regulares. Lavamos y troceamos la lechuga. Un corte parejo es clave para que todas las hortalizas se cuezan por igual y el caldo quede limpio y aromático.
En una olla amplia, calentamos la mantequilla junto con la cucharada de aceite a fuego suave. Añadimos el nabo, la zanahoria, el apio, la cebolla y el ajo, tapamos la olla y dejamos que se cocinen despacio unos 10 minutos. Sazonamos con sal y pimienta y removemos de vez en cuando para que se ablanden sin dorarse. Este rehogado lento saca lo mejor de cada verdura y perfuma la base de la sopa.
Vertemos los 2 litros de caldo de ave y añadimos los guisantes y la lechuga troceada. Llevamos a ebullición y luego bajamos el fuego, dejando cocer todo unos 30 minutos, hasta que las verduras estén tiernas y el caldo haya cogido sabor. Probamos y rectificamos de sal y pimienta.
Repartimos la sopa bien caliente en los cuencos, añadimos unos picatostes por encima y espolvoreamos el perejil picado. Servimos enseguida, para que el pan mantenga su punto crujiente.
Notas
Esta sopa es ideal para dar salida a un caldo que se tenga guardado en la nevera. Basta con añadirle unas pocas hortalizas, las que se tengan a mano y troceadas en juliana, para convertirlo en un primer plato completo.
La juliana fina permite que las verduras se cuezan rápido y por igual, dejando un caldo limpio y elegante. Conviene mantener un grosor parecido en todas las hortalizas para lograr una cocción uniforme y una presentación cuidada.
Un buen caldo de casero marca la diferencia y aporta cuerpo y profundidad a la sopa. Si se parte de un caldo comprado, conviene elegir uno natural y bajo en sal, y ajustar el sazón al final, ya que estos suelen ir más salados.
Los picatostes se añaden justo al servir, para que conserven su textura crujiente. Se preparan fácilmente en casa dorando dados de pan del día anterior en el horno o en la sartén con un poco de aceite, otra forma estupenda de aprovechar el pan que ha quedado algo duro.
Variaciones
- Para una sopa con más cuerpo, se puede añadir un puñado de arroz o de pasta fina y cocerlos junto con el caldo hasta que estén tiernos.
- Unas hebras de pollo cocido convierten la sopa en un plato más completo y saciante, muy práctico para aprovechar restos.
- Para una versión vegetariana, basta con usar un caldo de verduras y prescindir de cualquier añadido de carne.
- Otras hortalizas de temporada, como puerro, calabacín o judías verdes, encajan de maravilla y aportan variedad a la sopa según la época del año.
- Una pizca de nuez moscada recién rallada o unas gotas de aceite de oliva en crudo al final realzan el conjunto sin taparlo.
Origen
La sopa juliana pertenece al recetario clásico de la cocina casera europea, donde las sopas de verduras cortadas finas eran un primer plato habitual y aprovechado. El término «juliana» hace referencia precisamente a ese corte en tiras finas y regulares.