Pasar al contenido principal

Sopas

Bolitas de patata para sopas y guisos

Estas bolitas de patata son pequeñas albóndigas cocidas pensadas para flotar en un buen caldo, recuerdan a buñuelos hervidos. En lugar de freírse, se cuecen directamente en el líquido caliente, donde se hinchan ligeramente y absorben todo el sabor del caldo. El resultado es una guarnición tierna y sabrosa que convierte una sopa sencilla en un plato reconfortante y completo, con ese punto saciante que aporta la patata.

Acompañadas de unas setas y servidas en su propio caldo de verduras, se convierten en un primer plato humilde pero lleno de matices. 

Sopa de macarrones

La sopa de macarrones es un primer plato sencillo y reconfortante, de esos que aparecen en los recetarios de toda la vida. Une la pasta corta con un buen caldo y un toque de tapioca que aporta cuerpo y suavidad. Es una sopa sencilla, ideal para una cena ligera o para abrir una comida familiar, rematada con queso rallado que se funde con el calor del caldo.

Sopa polaca de fresas (zupa truskawkowa)

En Polonia, cuando aprieta el calor, las fresas no siempre acaban en mermeladas o tartas. También se convierten en una sopa fría, dulce y ligera que se toma a medio camino entre el primer plato veraniego y el postre. La zupa truskawkowa no tiene nada que ver con un gazpacho ni con una sopa salada: aquí mandan la fruta, el agua y el azúcar, con un resultado fresco, fragante y muy simple de preparar.

Gazpacho de fresas

Cuando el calor aprieta, pocas cosas sientan mejor que un gazpacho bien frío. En esta versión cambiamos aproximadamente la mitad del tomate por fresas maduras, y ahí está la gracia: el resultado gana en color, en perfume y en frescura, pero sigue siendo un plato salado, ligero y muy de verano. La fruta no convierte el gazpacho en postre; simplemente redondea la acidez y aporta un matiz más delicado.

Pepesup

Pepesup es un caldo vibrante, intensamente aromático y famoso por sus propiedades revitalizantes, fusiona la ligereza del pescado con el poder antiinflamatorio del jengibre y el calor estimulante de la guindilla o chile. Tradicionalmente servido para entrar en calor, celebrar reuniones familiares o recuperarse de un resfriado.

Pozole rojo

El pozole rojo es quizás la variante más conocida de este plato. Su color vibrante proviene de una mezcla de chiles secos que, lejos de hacerlo insoportablemente picante, le dan un sabor ahumado, complejo y reconfortante.

Pozole blanco

Los protagonistas del pozole blanco son el maíz y el caldo limpio, profundo y reconfortante. La magia ocurre en la mesa, cuando los comensales añaden a su plato una variedad de guarniciones frescas y salsas picantes.

Chilpozonte

El chilpozonte es una especie de mole de olla pero más ligero, con una personalidad ahumada inconfundible gracias a los chiles secos y un notas profundas de hierba que le da el epazote. 

Para hacer chilpozonte se prepara primero el caldo y, mientras el caldo se hace, la salsa ahumada y los chochoyotes. Después se cuece el chayote y la salsa con el caldo, par terminar añadiendo las verduras y los chochoyotes.

Noticias Comer y Beber, nuestro boletín mensual, hace llegar las últimas tendencias, novedades y lo mejor de la gastronomía que vemos en Comer y Beber directamente a la bandeja de entrada de nuestros suscriptores.

recibir Noticias Comer y Beber