Familia
Los niños a partir de los cuatro años pueden comer practicamente de todo. Es bueno tener una colección de recetas sencillas para usar a diario en las comidas familiares.
3 formas espectaculares de elevar una simple lata de sardinas en aceite
Un repaso la rica historia de las conservas y tres recetas fáciles, saludables y deliciosas con sardinas en lata, paso a paso.
Salsa de cacahuete (Guinea Ecuatorial)
La salsa de cacahuete (o salsa de maní) es, quizás, el plato más querido en los hogares del país. A diferencia de las versiones de otros países, la receta ecuatoguineana destaca por su pureza: aquí el cacahuete no es un acompañante, es el protagonista absoluto que crea una salsa densa, untuosa y llena de matices tostados.
Salsa de palmiste con pollo
Un guiso tradicional que destaca por su riqueza aromática y su textura inconfundible. La base de esta elaboración es el extracto de la nuez de palma, un ingrediente que aporta una consistencia aterciopelada y un color rojizo muy característico, similar al de las salsas más elaboradas de la alta cocina.
Bambucha
Un guiso espeso y reconfortante, cuyos ingredientes estrella son las hojas de yuca y la pulpa de la fruta de la palma (o dátil de palma), que le confiere un color rojizo inconfundible y un sabor profundo y ligeramente dulce.
Djom
Pescado cocinado al vapor envuelto en hojas de plátano. Al envolver el pescado, logramos que se cocine en sus propios jugos, conservando todos sus nutrientes, vitaminas y aceites esenciales sin necesidad de añadir grasas pesadas. La hoja de plátano no solo es un envoltorio cien por cien biodegradable, sino que aporta un sutil aroma herbáceo al pescado.
Arroz tipo risotto con tomate, pimiento rojo y mozzarella
Este plato no es un risotto canónico porque se puede usar otro tipo de arroz, pero es un arroz cremoso y removido, al estilo italiano.
Carne guisada con setas y aceitunas
Es un guiso de los de antes, de los que piden pan para mojar y tiempo para disfrutar, pero adaptado a nuestros ritmos actuales. La carne, cocinada despacio en sus propios jugos y aromatizada con hierbas, se vuelve tan tierna que casi se deshace al tocarla.
Lentejas a la Villalar
Las lentejas cocidas al dente se convierten en la base perfecta para un aliño tibio de limón y un salteado de jamón crujiente. Unos pocos ingredientes bien elegidos pueden crear una experiencia llena de matices. La acidez del limón, el punto salado del jamón, el crujiente del pan frito y el aroma de la nuez moscada se unen para realzar el sabor terroso de la lenteja. Es una receta ideal para una cena ligera, un almuerzo nutritivo o como entrante original.
Besugo al horno sin historias
Hay platos que, con muy pocos ingredientes, logran un resultado extraordinario, permitiendo que la calidad del producto principal brille con luz propia. Este besugo al horno es el ejemplo perfecto de esta filosofía. Este pescado, de carne blanca, firme y delicada, no necesita artificios para deleitar el paladar, la verdadera elegancia reside en la simplicidad.
Cocido gallego
El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.
La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.
Crema de cacao y avellana
Existe una adicción universal que une a niños y adultos: la crema de cacao y avellana. Esa textura, ese sabor profundo a chocolate tostado, es un placer difícil de resistir. Sin embargo, las versiones comerciales suelen venir acompañadas de una cantidad ingente de azúcar y aceites poco recomendables. Por eso, es bueno volver al origen y preparar una versión casera.
Churros
Hay aromas que tienen el poder de activar nuestros recuerdos más felices de forma instantánea. El olor a churros recién hechos, sin duda, uno de ellos. Nos transporta a las ferias de verano, a los desayunos tardíos de domingo o a esa chocolatería de barrio donde el tiempo parece detenerse. Los churros son una de las elaboraciones más humildes y a la vez más exquisitas de nuestra gastronomía: harina, agua y sal transformadas en oro comestible.