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Familia

Los niños a partir de los cuatro años pueden comer practicamente de todo. Es bueno tener una colección de recetas sencillas para usar a diario en las comidas familiares.

Lentejas a la Villalar

Las lentejas cocidas al dente se convierten en la base perfecta para un aliño tibio de limón y un salteado de jamón crujiente. Unos pocos ingredientes bien elegidos pueden crear una experiencia llena de matices. La acidez del limón, el punto salado del jamón, el crujiente del pan frito y el aroma de la nuez moscada se unen para realzar el sabor terroso de la lenteja. Es una receta ideal para una cena ligera, un almuerzo nutritivo o como entrante original.

Besugo al horno sin historias

Hay platos que, con muy pocos ingredientes, logran un resultado extraordinario, permitiendo que la calidad del producto principal brille con luz propia. Este besugo al horno es el ejemplo perfecto de esta filosofía. Este pescado, de carne blanca, firme y delicada, no necesita artificios para deleitar el paladar, la verdadera elegancia reside en la simplicidad.

Cocido gallego

El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.

La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.

Crema de cacao y avellana

Existe una adicción universal que une a niños y adultos: la crema de cacao y avellana. Esa textura, ese sabor profundo a chocolate tostado, es un placer difícil de resistir. Sin embargo, las versiones comerciales suelen venir acompañadas de una cantidad ingente de azúcar y aceites poco recomendables. Por eso, es bueno volver al origen y preparar una versión casera.

Churros

Hay aromas que tienen el poder de activar nuestros recuerdos más felices de forma instantánea. El olor a churros recién hechos, sin duda, uno de ellos. Nos transporta a las ferias de verano, a los desayunos tardíos de domingo o a esa chocolatería de barrio donde el tiempo parece detenerse. Los churros son una de las elaboraciones más humildes y a la vez más exquisitas de nuestra gastronomía: harina, agua y sal transformadas en oro comestible.

Sopa juliana

Pocas cosas reconfortan tanto como una sopa caliente cuando el frío aprieta, y la sopa juliana es la reina de la sencillez elegante. Este plato, cuyo nombre evoca la técnica de corte francesa que transforma las verduras en finas tiras, es un homenaje a la huerta y a la cocina de aprovechamiento.

Croquetas de atún

Las croquetas de atún salvan cualquier cena improvisada. A diferencia de las de jamón o cocido, que requieren tener sobras previas, estas croquetas tiran de fondo de despensa. Una simple lata de atún (o bonito) se convierte en la protagonista de una bechamel suave.

Rollitos de carne picada en salsa

Un ejemplo de cocina sencilla, reconfortante y sabrosa, aprovechando los ingredientes al máximo y transformando una sencilla carne picada en un plato principal elegante gracias a un guiso lento y cuidadoso.

Es ideal para una comida familiar de domingo o para dejar preparada con antelación, ya que, como buen guiso, suele estar incluso más rico al día siguiente cuando los sabores se han asentado.

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