Recetas con huevo

Lista de recetas que contienen huevo como ingrediente.

Pastel de carne guisada con costra de queso y mostaza

Una forma de convertir las sobras de un guiso en un plato nuevo que no lo parece. La carne guisada del día anterior se coloca en una fuente honda y se cubre con unos bollitos de masa tipo scone, hechos con queso curado y mostaza, que se hornean directamente encima: por debajo absorben el jugo del guiso y quedan esponjosos, y por arriba se doran y forman una costra firme. En Gran Bretaña este cruce entre guiso y bollo se llama cobbler, y resuelve lo que un pastel de hojaldre no siempre consigue, que es aguantar el vapor del relleno sin reblandecerse. Merece la pena guisar el doble de carne un domingo pensando en esto: el trabajo está hecho y el pastel se monta en veinte minutos.


Lomo de cerdo con repollo

Lomo de cerdo asado cubierto, que queda tierno y jugoso, servido sobre un lecho de repollo rehogado con cebolla, manzana y limón, y adornado con huevo duro. El repollo gana mucho en sabor con la manzana y el limón, y toma el jugo de la carne. Es un plato muy adecuado para una comida con invitados.


Semifrío de café y almendra amarga

Un postre frío que se prepara sin horno y sin heladera. El aire del merengue italiano y la nata montada bastan para sostener una textura a medio camino entre el helado y la mousse. Se deja comer con cuchara nada más salir del congelador. 

El café entra en serio, un espresso corto y bien cargado, y el azúcar se queda en lo justo para que se aprecie el amargor tostado de la almendra. Por encima, migas de amaretti y almendra laminada que se añade en el último momento y aguanta crujiente hasta la última cucharada. Se hace la víspera y se sirve en copa, lo que lo convierte en el final perfecto para una comida larga.


Gröstl tirolés

Plato de sartén de los Alpes austríacos, nacido para aprovechar lo que sobraba del día anterior: patatas cocidas y restos de carne asada, salteados juntos en manteca hasta formar una costra dorada que es la razón de ser del plato. La cebolla, el comino en grano y la mejorana componen la tríada aromática de la cocina tirolesa, y un huevo frito de yema líquida corona el conjunto y lo liga al romperse sobre las patatas calientes. Se sirve directamente en la sartén, con ensalada verde o un poco de chucrut al lado. Comida de refugio de montaña: contundente, rápida y sin pretensiones.


Relleno de piñones, atún y pimiento asado

Este es uno de esos rellenos que resuelven dos platos con una sola preparación: sirve para empanadillas y empanadas, y sirve igual de bien para canelones. El motivo es que cumple lo que se le pide a un buen relleno de masa —queda seco, compacto y frío— y eso mismo lo hace ideal para un canelón que luego va a recibir bechamel sin aguarla. Es la empanadilla de atún de toda la vida con dos mejoras: el pimiento asado en lugar de crudo, que aporta dulzor y no suelta agua, y los piñones tostados, que dan el punto de textura que a esta mezcla siempre le falta.


Relleno de pasas y piñones

Este relleno combina carne de cerdo con frutos secos, fruta pasa y un poco de jerez, algo clásico de la cocina festiva que funciona igual de bien dentro de una pieza de cerdo deshuesada que cocinado aparte, en forma de rulo, bajo el propio asado. La grasa que suelta la carne mientras se hace en el horno cae sobre el relleno y lo va dorando, así que el resultado sabe a mucho más que la suma de sus ingredientes. También sirve para rellenar un pavo o un ganso pequeño, si se prefiere darle ese uso.


Laksa de gambas

Laksa de gambas es una sopa de fideos originaria de la comunidad peranakan (nyonya) de Malasia y Singapur, donde confluyen la cocina china y la malaya. Su alma está en el rempah, una pasta de especias que aporta el color anaranjado y el fondo profundo y ligeramente picante que distingue a un buen laksa de un simple curry con fideos. Esta versión presenta un rempah simplificado, pensada para el día a día, pero que respeta los ingredientes que de verdad definen el sabor: cúrcuma, hierba limón, chile y ese punto umami que tradicionalmente aportan la gamba seca o la pasta de gamba fermentada.


Bolitas de patata para sopas y guisos

Estas bolitas de patata son pequeñas albóndigas cocidas pensadas para flotar en un buen caldo, recuerdan a buñuelos hervidos. En lugar de freírse, se cuecen directamente en el líquido caliente, donde se hinchan ligeramente y absorben todo el sabor del caldo. El resultado es una guarnición tierna y sabrosa que convierte una sopa sencilla en un plato reconfortante y completo, con ese punto saciante que aporta la patata.

Acompañadas de unas setas y servidas en su propio caldo de verduras, se convierten en un primer plato humilde pero lleno de matices. 


Filete de ternera empanado al estilo vienés

El Wiener Schnitzel es uno de los platos más emblemáticos de la cocina austriaca: un fino filete de ternera empanado y frito hasta lograr una costra dorada, ligera y crujiente. Su encanto está en el contraste entre ese rebozado aireado, casi hojaldrado, y la carne tierna y jugosa del interior. Es un plato principal contundente pero elegante, que se sirve tradicionalmente con un gajo de limón y un acompañamiento sencillo, como una ensalada fresca o una ensalada de patata.

Aunque parece un plato sencillo, la clave de un buen filete empanado al estilo vienés está en los detalles: carne bien fina, un empanado ligero y una fritura en grasa abundante y caliente que haga que el rebozado se hinche y se despegue ligeramente de la carne.


Fideuá negra con bocaditos de pescado rebozado

La fideuá negra es la versión más espectacular del clásico plato valenciano. La tinta de sepia o calamar tiñe los fideos de un negro intenso que contrasta con el blanco del alioli y el dorado de las bolitas de pescado rebozado y fritas que rematan el plato. Una receta con aire de restaurante pero perfectamente abordable en casa.


Merluza imperial

Se trata de una elaboración fría, lucida y festiva, pensada para ocasiones especiales: merluza cocida, una corona de verduras de colores y una mayonesa casera que lo une todo. Su mayor encanto es también su mayor reto: la presentación. Los montoncitos de zanahoria, remolacha, guisantes y patata, alternando tonos, convierten la fuente en un pequeño cuadro comestible. 


Huevos rotos con jamón

La combinación de unas patatas doradas, bañadas por el oro líquido de la yema del huevo y rematadas con el sabor umami del jamón, es sencillamente irresistible.